Locales
“Hasta subir al avión no tuve paz”, asegura Anabella Luque
La joven madre chaqueña que batalló ocho meses en Italia por la restitución de la tenencia de sus hijos regresó a Resistencia el viernes. En diálogo con NORTE Anabella Luque narró cómo fue el reencuentro y el regreso con los pequeños de cinco y seis años.
Lunes, 12 de octubre de 2015
              
Los niños fueron retenidos por el padre, que contó una historia cambiada en dos juzgados italianos. La situación no se esclareció hasta el 1 de octubre, cuando las autoridades de Vicenza avalaron que los chicos vuelvan con la madre a Argentina.

Después de demostrar que no secuestró a sus hijos y que la justicia chaqueña había avalado antes la tenencia, Anabella asegura que no tuvo paz hasta que el avión despegó y los trajo de regreso a su país natal.

Los tres llegaron a Buenos Aires el martes por la mañana, el jueves partieron hacia Resistencia en colectivo por pedido de los chicos. Muy temprano, cerca de las siete del viernes, una intensa precipitación los recibió en la terminal de ómnibus. “Fue ideal, porque así pudimos resguardarnos un poco”, agradece. Uno de los niños estaba incómodo y con síntomas de alguna dolencia en proceso, así que hicieron el menor ajetreo posible.

¿Ahora sentís más tranquilidad?, preguntó NORTE vía telefónica. “Anoche dormí un poco, con ellos, en la misma habitación. Desde que empezó esto, no tuve una sola noche entera sin sobresaltos. Hasta el lunes, cuando tomamos el avión no estaba tranquila”. Además, reconoce que el fantasma por la abrupta separación aún la ronda: “No los veo dos segundos y ya me pongo histérica”, confiesa.

¿Notás cambios en ellos? “Un poco, sí. Si los saluda alguien, esperan antes de responder. La abuela paterna se ocupó de limitarlos mucho en el tiempo que convivieron con ella.

Los derechos de los niños

El aspecto más sensible de la experiencia son los niños que en estos diez días con la mamá “hablan muy poco y en italiano”. Todavía no verbalizan nada en español, aunque son bilingües y entienden todo lo que se les dice, explica ella.

Los niños viajaron a Italia en diciembre para asistir a la boda de una de las hermanas de Anabella. Unos días antes del casamiento David Silviu Remus acusó a la madre de sus hijos de secuestrarlos ante la Justicia. Hasta que se demostró lo contrario los chicos vivieron con el padre, fueron a un jardín de infantes de Recoaro Terme. El más grande (5 años) ya había terminado en 2014 la sala de cinco en Resistencia, pero debió cursar de nuevo el mismo tramo y con los trámites judiciales se perdió el ingreso a primer grado en la escolaridad argentina. “Fue una semana allá; le gustó tanto que hoy (por ayer) se levantó con la idea de ir a la escuela, porque allá van los sábados”, cuenta la mamá. Otro momento doloroso fueron los cumpleaños separados. El mayor cumplió seis el 14 de abril y el menor, cinco el 19 de junio.

Para la madre uno de los aspectos más cuestionables de la justicia fue la ausencia de asistencia psicológica para los niños o de asistentes sociales que velaran por sus derechos. “Estuvieron solamente en el momento de quitármelos y entregármelos, en estos meses les escribía para que estén al tanto de los pormenores del caso pero ellos me decían que el juez no pedía que intervengan; allá trabajan muy distinto de lo que conocemos en Argentina”, cuenta Anabella.

Las secuelas

Anabella enfrentó dos peleas judiciales, una penal para demostrar lo que no hizo; y otra por la restitución de la tenencia. “No se entiende cómo si hay si pruebas todo no se resuelve más rápido. Siento que vengo de vivir una película. Sé que hay papás buenos que sufren el acoso de la madre de sus hijos, pero los chicos no se merecen pasar por todo esto”, resume.

El jueves 1 de octubre, en un tribunal de menores delante de un abogado, un policía y asistentes sociales Anabella recobró formalmente a sus hijos.

El juzgado ya le había entregado los pasaportes antes y el padre estaba notificado. El trámite duró cinco minutos de firmar papeles. “Los chicos me vieron y corrieron hacia mí”, recuerda ella.

Ahora se preocupa por la escuela y por encontrar asistencia psicológica para los tres, hasta restablecer lo que tenían antes de viajar al Viejo Continente.

Fuente: Diario Norte
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