Gobierno
Coqui se baja de la presidencia del Partido
El gobernador Jorge Capitanich comenzó a despejar dudas acerca de la futura conducción del justicialismo provincial en relación con el nuevo gobierno y, al contrario de lo que hubieran esperado los referentes más conservadores del PJ, el mandatario saliente se mostró dispuesto a dar un paso al costado en la presidencia del Consejo partidario.
Viernes, 2 de octubre de 2015
              

Sin cortapisas, el jefe del Ejecutivo y hasta ahora líder oficial del peronismo chaqueño sostuvo que «antes de febrero debemos buscar mi reemplazante en el Consejo», una definición que traerá cola en función de la disputa interna que podría desencadenar en el nuevo esquema de poder que habrá de configurarse cuando asuma Domingo Peppo.

Las tradiciones de la liturgia peronista indican que el dirigente que gobierna adquiere por derecho propio el pasaporte a la presidencia partidaria, pero el Chaco afronta una situación especial: Peppo es un gobernador sin las jinetas que lo tornarían indiscutible para reemplazar a Capitanich en la jefatura del PJ.

Después del actual gobernador, cuyo liderazgo hoy no se discute, viene una ristra de dirigentes con más o menos méritos pero de rango equivalente, en una suerte de horizontalidad muy compleja para encontrar al «elegido» que maneje el Partido Justicialista.

Si no es Capitanich suena lógico que Peppo lo suplante en los dos lugares: el institucional y el político, pero también hay que tener en cuenta las aspiraciones que en su momento resignaron dirigentes de peso como Gustavo Martínez, Eduardo Aguilar, Hugo Sager, José Mongeló y el mismo Daniel Capitanich.

Todos ellos fueron parte de la pulseada interna por la candidatura a la Gobernación que finalmente recayó en Peppo y demostraron un nivel de legitimidad apto para ejercer roles dirigenciales. De hecho, Martínez tiene el antecedente de conductor del PJ resistenciano, nada menos que el principal distrito de la provincia.

El gobernador saliente no dio pistas acerca de un eventual delfín de su círculo áulico, pero algo es seguro: Peppo puede tener la mejor de las relaciones con el intendente electo de Resistencia, pero no es un integrante originario de la mesa chica del coquismo, con lo cual ganaría fuerza la hipótesis según la cual la Presidencia del PJ podría recaer en una figura que haga equilibrio entre los dos gobernadores, el saliente y el entrante.

Con un presidente «neutral» Coqui se aseguraría de que Peppo no crezca demasiado en un proceso natural de construcción de poder que sin dudas se dará con el villangelense acomodado en el sillón de Obligado. El problema es que no hay neutrales. Los exponentes más curtidos para el ejercicio de la Presidencia del partido gobernante tienen clara posición tomada y no andarán con grises.

Así las cosas, las negociaciones internas que de ahora en adelante se desarrollarán en el seno del justicialismo significarán una batalla silenciosa por espacios de poder en la que sin dudas colisionarán dos facciones: los que prefieran un presidente partidario sin cargos ejecutivos -lo que inclinaría la balanza sutilmente a favor de Capitanich- y los ortodoxos que se ciñen al dogma doctrinario según el cual Peppo, una vez que jure como gobernador, automáticamente deberá ejercer también como autoridad máxima del justicialismo chaqueño.

Fuente: La Voz del Chaco
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