Sociedad
A 10 años de Cromañón, el relato en primera persona de dos sobrevivientes
En una charla exclusiva con INFOnews, dos jóvenes que asistieron esa noche al recital de Callejeros cuentan cómo lograron sobreponerse y cómo es vivir cada día con el recuerdo de la tragedia.
Martes, 30 de diciembre de 2014
              




El incendio en el boliche República de Cromañón, ocurrido -hace ya 10 años- el 30 de diciembre de 2004, dejó 194 muertos y más de 2500 sobrevivientes, en la que fue una de las mayores tragedias no naturales de la historia argentina.

Verónica Weidgans y Silvina Gómez fueron dos de las jóvenes que estuvieron aquella fatídica noche en el local del barrio de Once, por una de esas malas jugadas del destino. Ninguna era fanática de Callejeros y concurrieron invitadas por amigos. Prometía ser el cierre del año de la banda de rock del momento, que -paradójicamente- se ufanaba de ser "la más pirotécnica de la Argentina".

El día de la tragedia, Verónica acababa de cumplir los 22. De su grupo de amigos, entre los que se encontraba su prima, lograron sobrevivir todos. Ella tuvo que pasar una semana internada. Sufría problemas respiratorios y el humo del incendio había complicado su cuadro. "La gente que estuvo ahí la pasó realmente muy mal, yo salí desfigurada porque no podía respirar, me reconocieron por una cicatriz. La situación era un caos, estaba todo colapsado, las ambulancias llenas de chicos tratando de obtener oxígeno con los tubos", recuerda en diálogo con INFOnews.



Verónica Weidgans
Verónica Weidgans
En estas fechas, para los sobrevivientes y familiares de las víctimas, el revivir aquel calvario se vuelve inevitable. "Cada 30 de diciembre se me viene a la mente Cromañón y lo que uno vivió ahí adentro. Para mí este 10º aniversario no es especial, es todos los años lo mismo. No cambia nada. Yo voy todos los años a Once, así vaya una persona, o miles. Yo estoy siempre ahí, sintiendo siempre lo mismo", dice.

Durante los primeros años posteriores a la tragedia, a Verónica le costaba estar en lugares cerrados, a oscuras y llenos de gente. La angustia ganaba la partida y tenía que retirarse en busca de aire fresco. "Ya no me suele pasar por suerte, pero sí me fijo constantemente dónde están las puertas de seguridad. Es algo que lo tengo naturalizado, no lo vivo como un trauma", explica.

En cuanto a las condiciones de seguridad, afirma que algo cambió post Cromañón, pero que falta bastante: "En los boliches, en cierta medida hay cambios. Algo se tuvo en cuenta, pero aún falta un montón, como en todo. Lo que sí creo es que los pibes, no digo todos, pero de veintípico para arriba tienen una cierta noción y toman más precauciones a la hora de salir".

En su opinión, la ausencia de una resolución judicial también es una grave cuenta pendiente. "La Justicia es un chiste. Lo sostengo desde hace rato. Son muy pocos los casos en los que podés decir que realmente se hace justicia y con Cromañón no pasó. Parte del grupo sigue tocando como si nada. Si de mí dependiese, no tocarían más. Al margen de que ellos lo necesiten, que es lo que expresan, yo no puedo ni escucharlos en la radio, directamente la apago o cambio el dial. Me angustia, me duele mucho", expresa.

Verónica es productora de seguros e hincha fanática de Platense. Tanto es así que integra la Comisión Directiva del club de Saavedra como vocal titular y fundó la Subcomisión de fútbol 11 femenino, a través de la cual tiene a cargo a 30 chicas de la primera y la escuelita.

En Platense también tiene amigos que estuvieron en Cromañón aquella noche. "Para salir adelante me apoyé mucho en ellos, sobre todo en un amigo, que es mi mejor amigo, porque nos comprendíamos. Habíamos vivido lo mismo", cuenta.

Verónica y su pasión por PlatenseVerónica y su pasión por Platense
Otra de sus pasiones es la militancia que lleva a cabo como integrante de La Cámpora. "Siempre me interesó la política. En mi casa se hablaba mucho del tema y mis viejos siempre estuvieron muy comprometidos. Empecé a militar en el barrio Mitre y después -con un par de compañeros- nos pasamos a Villa Urquiza", explica.

Verónica destacó el impulso que el Gobierno de Néstor Kirchner le dio a los jóvenes. "La militancia es una de las mejores cosas que me pasaron en la vida. Es único lo que viví. Va más allá de si sos K o no sos K. Lo que pasó fue un despertar del interés de la juventud en la política y eso antes no pasaba. No creí que fuera posible", expresa.

"¿Que me enseño Cromañón? Primero y principal aprendí a no seguir a la manada. No voy a un lugar porque sale 10 pesos o porque van 50 amigos. Ahora evalúo mucho más la situación. Pienso si tengo ganas de ir realmente, o si me interesa lo que voy a ver. Soy un poco más selectiva", concluye.

"Parte del grupo sigue tocando como si nada. Si de mí dependiese, no tocarían más"
La historia de Silvina

En 2004, Silvina tenía 28 años. Esa calurosa noche del 30 diciembre fue al boliche -que gerenciaba Omar Chabán- junto a Marcelo, su pareja en ese momento. "Cada 30 para mí es muy doloroso por que se junta todo. Repasás una y otra vez todo lo que estabas haciendo ese día. A las cinco de la tarde me estaba duchando para salir; a las siete estaba haciendo la cola para entrar. Siempre es con dolor y siempre lo revivís. Es algo que no se borra a pesar de los años", dice a INFOnews.

"Yo no tenía ganas de ir esa noche. Nos habían invitado unas amigas y fuimos desde Temperley con la guía Filcar en la mano porque no sabíamos ni cómo llegar. Al entrar, me quedé atrás, cerca de las consolas de sonido porque no me gustaba el pogo", recuerda.

Silvina Gómez y el recuerdo de los fallecidos en CromañónSilvina Gómez y el recuerdo de los fallecidos en Cromañón
Silvina cuenta que en el momento en que la bengala impactó en la media sombra y desató el incendio, todo se convirtió en un caos. "Por suerte, las chicas pudieron escapar todas -pisando gente o de distintas formas-. En cambio, nosotros tratamos de salir por las mismas puertas por la que habíamos ingresado pero cuando llegamos estaban cerradas. En ese momento, se produjo una avalancha y nos caímos. Yo quedé con la nariz pegada al piso y encima mío se cayó un montón de gente. Marcelo quedó a mi lado, pero boca arriba. Yo siempre digo que esos pocos centímetros entre la nariz de él y la mía fueron la diferencia entre la vida y la muerte", relata.

A Silvina la sacaron desmayada y reaccionó al poco tiempo. Lo buscó a Marcelo desesperadamente y lo encontró en la esquina, lo subieron a una ambulancia y partieron rumbo al hospital Durán. Él no logró sobrevivir. "Si ese día yo le hubiese hecho caso a mi instinto de no querer ir, Marcelo estaría vivo y yo no hubiera pasado por todo lo que tuve que pasar", expresa afligida.

Para Silvina los años que sucedieron a Cromañón tampoco fueron fáciles. Nunca más pudo ir a recitales, ni viajar en medios de transporte públicos porque sufre desmayos. Sólo se mueve en su auto, en remise o en bicicleta. Además, tuvo que dejar las dos carreras que estaba cursando en la Universidad de Lomas de Zamora -Derecho y Trabajo Social- y su cargo como profesora de Informática en un colegio secundario. "Me licenciaron porque no podía ni estar encerrada en un aula", agrega.

"Mi gran trauma cuando pasó Cromañón era pensar qué persona me iba a aceptar con la mochila que yo traía, quién iba a querer estar conmigo con psicólogos, psiquiatras, marchando todos los 30 de diciembre con una foto colgando en el pecho de otra persona. Mis amigas estaban embarazadas y hablaban de sus bebés y yo pensaba que nunca iba a poder tener un hijo, veía todo muy negro", explica.

En 2006, luego de dos años de tratamiento, Silvina consiguió un trabajo como preceptora y le asignaron un curso donde daba clases un profesor de Electrónica. Un buen día, el docente la invitó a tomar algo y ella aceptó. "En la primera salida, yo le conté todo. Que era sobreviviente de Cromañón, que había perdido a mi pareja, que no dormía de noche, que veía sombras negras, que comía a deshora y que todos los 30 de diciembre marchaba. Y me acuerdo que él me respondió: 'Bueno, ¿llevás mate? Yo te cebo'. Y pese a todos los fantasmas de Silvina, Fernando se quedó. Hoy es su marido y conviven felices junto a sus dos hijos: Matías, de siete años e Ignacio, de cuatro.

Silvina, su marido Fernando y sus dos hijos.
Silvina, su marido Fernando y sus dos hijos.
Una de las cuestiones que a Silvina la ayudó mucho en su proceso de recuperación fue participar de la ONG Familias por la Vida, integrada por padres y sobrevivientes de Cromañón. "Ahí encuentro mucha contención porque todos pasamos por lo mismo", dice. Ella se encarga, entre otras cosas, de editar los videos que se exhiben durante los actos o en las charlas que dan en escuelas con fines educativos. También ayuda a volantear en campañas de prevención que realizan en la vía pública o en la entrada a recitales.

Además, hace tres años pudo retomar la carrera de Derecho en una universidad a distancia -que cursa por internet- y sólo asiste presencialmente a dar algunos exámenes. "Mi idea es tener mi propio estudio y también dedicarle días a la ONG para dar asesoría al que no pueda pagar un abogado", afirma.

"Si ese día yo le hubiese hecho caso a mi instinto de no querer ir, Marcelo estaría vivo y yo no hubiera pasado por todo lo que tuve que pasar"
Su intención de recibirse de abogada también radica en su deseo de que se haga justicia en el caso Cromañón. "Ya pasaron 10 años y aún la causa no está cerrada. No hay sentencia firme. Hay muchos vericuetos jurídicos. Lo que pido es que todos los implicados cumplan su condena y que después hagan su vida, pero que paguen. Pareciera que vivimos en el país de la joda. Matamos a 194 personas y no pasa nada. Ese es el mensaje que se da", explica.

En lo que hace a las condiciones de seguridad de los boliches y bares en la actualidad, Silvina asegura ver algunos cambios, "aunque no muy grandes". "Es un trabajo de hormiga que hay que hacer. Hay lugares que cumplen con las condiciones. Pero también, existen locales clausurados y los dueños arrancan la faja, abren igual y no les importa nada. Nosotros tratamos de hacerles entender a los chicos que el valor lo tienen ellos al pagar la entrada. ¿Por qué van a ir a un lugar en el que no tienen matafuegos, ni salidas de emergencia? Tienen que incorporar que pagando el mismo valor pueden ir a otro boliche, donde sí están dadas las condiciones de seguridad", expresa.

"El tema me da terror porque mi nene de siete años ya me está preguntando qué es un boliche. A él le gusta el rock, toca la guitarra y más allá de que mamó esto desde chiquito, también tiene derecho a salir y yo no le voy a poder decir que no. Pero si no hay una justicia justa y si no cambian las cosas, yo voy a estar todas las noches con el corazón en la boca", concluye.







Fuente: Infonews
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