Locales
Mensaje Pascual: La muerte derrotada
Creer en la resurrección de Cristo nos hace testigos y anunciadores del triunfo de la vida. Pascua es un anuncio que dignifica a hombres y mujeres abriéndoles horizontes de esperanza y compromiso.

Domingo, 16 de abril de 2017
Por Monseñor Dus (*)
El primer anuncio de la resurrección en la noche de la vigilia pascual de este año está tomado del evangelio de san Mateo, capítulo 28, versículos 1 al 10. El texto describe un terremoto, que precede la llegada de un ángel, con vestiduras deslumbrantes, que hace correr esa piedra en forma de rueda, que ocultaba la puerta de los sepulcros judíos de la época romana. La tumba queda abierta y el ángel, sentado sobre la piedra, testimonia que el sepulcro está vacío. Para la mentalidad antigua, abrir una tumba y sentarse sobre su lápida son gestos considerados sacrílegos. Esta es la impresión que quiere provocar el evangelista en sus lectores u oyentes, para convencerlos que se ha hecho una grave ofensa a la muerte, o mejor aún, que la muerte ha perdido su fuerza; ha dejado de amenazar la vida.
El mensajero anuncia a las mujeres junto al sepulcro: "¡No teman!”. Hay que dejar de tener miedo. A lo largo de toda la vida todos los seres humanos luchan contra este enemigo: la muerte. Se la teme y por eso esclaviza. Se lucha en superarla, pero ella termina venciendo. Mueren las personas; desaparecen las cosas amadas que nos rodean; se destruyen; envejecen. También los afectos están signados por las pérdidas: grandes amistades se acaban; amores impetuosos se aplacan o dejan de existir; adhesiones fervorosas a ideales incondicionales, terminan en la desilusión… La vida y los acontecimientos están signados por la inseguridad y el desaliento; y el desinterés lleva a la depresión. Las razones para seguir luchando parecen esfumarse.
Pero es sobre este trasfondo, que la Pascua irradia su fuerza. Jesús, el Crucificado, asumió el dolor del mundo, derribó el muro que separaba a pueblos y naciones, haciendo morir el odio en su propio carne (cf. Ef 2,13-16); él nos revela la fuerza transformadora y creativa del amor. Esta verdad motiva de nuestra esperanza en la vida y en la vida que no terminará jamás; el amor de Dios darazón de nuestra vocación a la vida eterna. Si "Amar a otro es decirle: tú no morirás” (Paul Claudel), sólo Dios, en Cristo Resucitado, puede decir esto eficazmente. Él nos ama, y declara a todos su amor. La muerte ha sido derrotada.
Esta certeza de fe en el Resucitado nos llevaría siempre a vivir de un modo diferente, con esperanza y confianza. Tantas veces nos sentimos "sepultados" por habernos quedado encerrados en nuestra tumba, sin esperanza de salir de ella. Nuestro sepulcro es la rutina, la mediocridad, la renuncia a cambiar, a convertirnos, la muerte a los sueños e ideales que teníamos; la depresión, el odio, el mismo pecado. De todo esto el Señor quiere "resucitarnos", hacernos salir e "ir a Galilea”. Galilea es el símbolo del cruce de culturas y civilizaciones, "el camino del mar, país de la Transjordania”, para quien el profeta Isaías anunciaba que "el pueblo que andaba en tinieblas vio una gran luz, y sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, una luz les brilló” (cf. Evangelio de Mateo, cap.4, versículos 15-16). El lugar donde comenzó el Maestro es también el territorio donde son convocados los discípulos después de la Resurrección, para reemprender el mismo anuncio de esperanza y de vida.
"Vayan a Galilea, allí me verán” es la cita del Resucitado a sus discípulos. Esta "es la voz de aquel que es el dueño de la vida y quiere que todos tengan la Vida en abundancia. Cristo no se resigna a los sepulcros que nos construimos con nuestras elecciones de mal y de muerte, con nuestras equivocaciones y con nuestros pecados. Él no se resigna a esto. Él nos invita, casi nos ordena, a salir de la tumba donde nuestros pecados nos han hundido. Nos llama a salir de la oscuridad de la cárcel donde nos hemos encerrado, contentándonos con una vida falsa, egoísta, mediocre. (…) Es una hermosa invitación a la libertad verdadera. Una invitación a dejarse liberar… del orgullo, que nos convierte en esclavos, esclavos de nosotros mismos, esclavos de ídolos, de tantas cosas... Nuestra resurrección empieza a partir de aquí: cuando decidimos obedecer a esta orden de Jesús saliendo a la luz, saliendo a la vida.” (cf. Francisco, Homilía, 6/04 2014):
Salir nos involucra también a ayudar a los demás, quitando la piedra de sus sepulcros y animándolos al camino. Pero, sacar de la tumba, es obra de Jesús; nosotros sólo podemos ser instrumentos suyos. Muchas personas que se encuentran en esta situación no están en disposición de hacer nada, ni siquiera de orar. Son como Lázaro en la tumba. Es necesario que otros hagan por ellos. En los labios de Jesús ya encontramos ese mandamiento dirigido a sus discípulos: "Curen enfermos, resuciten muertos" (Mt 10,8) […]. Jesús se refería a los muertos de corazón, a los muertos espirituales […] El mandamiento de resucitar a los muertos está dirigido a todos los discípulos de Cristo […] ¿Cómo se hace para resucitar un muerto en esta Pascua, o en los próximos días? ¿Tienes en casa o en el asilo a un familiar o un amigo que vive allí? Quizás su corazón esté muerto por el silencio de sus hijos, de sus amigos. Con una buena llamada de teléfono lo puedes reanimar; si puedes, prométele que mañana irás a verle. Probablemente ya has resucitado a un muerto. Tu marido, está desmoralizado, ha salido de casa después de la enésima pelea: toma la iniciativa; llámale, y así quizás renazca la confianza en su corazón; lo mismo con tu mujer, si eres el marido. Con esas iniciativas inspiradas por las circunstancias, saliendo hacia los hermanos, nosotros por primero habremos resucitado, y posiblemente habremos resucitado, hecho renacer en ellos una nueva esperanza y la alegría de vivir.
Creer en la resurrección de Cristo nos hace testigos y anunciadores del triunfo de la vida, ante las personas que encontramos y ante el mundo del que formamos parte. "Galilea” es nuestra tierra pluricultural y abierta, que comprende razas y culturas diferentes. El anuncio de Pascua exige todas nuestras fuerzas para evitar la destrucción de la vida por la violencia, la guerra, la marginación o el descarte de seres humanos. Pascua es un anuncio que dignifica a hombres y mujeres abriéndoles horizontes de esperanza y compromiso; invita a nuestros jóvenes luchar por la paz y la fraternidad entre los pueblos y a nuestras familias a ser custodios de la alegría y de la "casa común”. Nuestra garantía es el Resucitado, que está y estará entre nosotros irradiando su energía victoriosa hasta el fin de los tiempos (cf. Mt 28,20).
(*) Arzobispo de la Arquidiócesis Resistencia, Chaco.
Integrante de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina.
Fuente: Diario Primera Línea.