Locales
Jorgelina, en nombre de las madres de hijos que fueron víctimas de gatillo fácil
Jorgelina Romero pidió hablar con NORTE para contar sobre una pérdida irreparable. Mauro Obregón, el tercero de sus cuatro hijos, murió a los 21 años, después de recibir un disparo de la policía. Es uno de los 30 casos de víctimas de gatillo fácil que la campaña contra la violencia institucional registra en la provincia. Y el primero con condena en la Justicia para dos de los señalados como responsables.

Domingo, 16 de octubre de 2016
El de Mauro fue el caso número 18 y ocurrió en 2013. Para la madre hoy es la cuarta vez que no tiene nada qué celebrar. Sostiene que son pocos los policías detenidos por casos parecidos.
“Cada mes se nos van tres vidas y nadie hace nada para que esto pare. No sé qué pasa con esta sociedad; hay mucha violencia. La policía mata a nuestros chicos”, se quiebra.
Jorgelina Romero: el dolor de todas las madres que perdieron un hijo.
Ella cree que el juicio a los responsables de la muerte de su hijo prosperó porque familiares y amigos salieron a la calle a manifestarse. “Igual durante el proceso se suspendieron tres audiencias”, recuerda.
Sin embargo, en los últimos tres años tiempo conoció a mucha gente que le dio apoyo, “porque no todos son acusadores”, aclara.
En los medios se publicó una versión contada por la institución policial: que su hijo era un delincuente que cruzó disparos con los uniformados.
“A la gente que conocía a mi hijo no tuve que aclararle nada, el respaldo fue muy fuerte; pero al que se entera por un diario y habla sin saber le digo que no está exento de que le pase lo mismo, pero ojalá que no”, advierte.
Jorgelina va al origen de los prejuicios que suelen pesar sobre las víctimas, generalmente chicos de barrios alejados del centro. “Los ven con una ropa de marca y sospechan que son chorros; no les dan oportunidad de presentarse y mostrar que es de ellos, que estudian o trabajan”, dice.
Antes de despedirse muestra fotos de Mauro cuando era bebé, cuando iba al jardín; a los ocho, en la cancha. “A veces lo escucho caminar en medias por la casa o lo recuerdo jugar con los sobrinos”, continúa.
Sus otros tres hijos, Sergio, Daniela y Ayelén intentan sacarla del recuerdo doloroso, pues son sus pilares. Ellos ya no vivían con los padres en 2013, sólo Mauro. Los tres les dieron nietos. Y para restarle carga a la fecha las hijas le dicen que el Día de la Madre es todos los días.
Jorgelina recuerda que más de 600 personas fueron a despedir a su hijo al cementerio. Que todavía se encuentra con gente que ella no conoce y le habla bien de él. Su marido no puede hablar, el dolor se lo impide.
A la pregunta ¿es creyente?, la mujer responde que antes de perder a su hijo solía agradecerle a Dios lo que tenía, pero con la muerte de Mauro se enojó y no quería que le hablen de religión. “Me dio su mejor golpe, mi hijo tenía un corazón noble, era un chico sano. Ahora no estoy tan enojada”, diferencia.
Otras muertes
La abuela de Ezequiel Aguilar pasó por lo mismo que Jorgelina un mes antes de la muerte de Mauro, en 2013. El joven fue baleado por policías que custodiaban un salón de fiestas de Barranqueras. Hoy un agente de investigaciones permanece detenido acusado de haberle disparado. Sin embargo, a más de tres años del hecho esa causa prácticamente “no se movió”. “La gente sabe que nuestros chicos se murieron pero en la Justicia parecen estar dormidas”, dice Jorgelina.
Otra de las muertes en ‘confusas circunstancias’ es la de Emanuel Suárez, que sufrió quemaduras graves estando detenido en una comisaría, hace una semana. Es el caso número 30.
De allí que referentes de la campaña provincial y nacional contra la violencia institucional convocan a denunciar los excesos y apremios cometidos por personal de las fuerzas de seguridad, en particular.
En especial a los que aún son invisibilizados por los mismos familiares.
Este año la justicia les dio la razón a los familiares de Mauro y, pese a que se impuso la verdad, para ellos el dolor está intacto, como si hubiera ocurrido ayer. En una fecha eminentemente comercial piden no olvidar y tomar conciencia para evitar que haya más muertes a manos de policías.
El caso
El sábado 27 de julio de 2013 Mauro salió de la casa para encontrarse con sus amigos en el centro. A la mañana siguiente lo encontraron muerto de un balazo en La Rubita.
La versión policial narró que era uno de dos sospechosos que huyeron al ver un patrullero a pie e intercambiaron disparos y que horas después encontraron el cuerpo sin vida de Obregón.
Mauro murió desangrado porque una bala le perforó la región femoral. Se había arrastrado unos cien metros, aparentemente intentando llegar hasta una vivienda.
Después de numerosas marchas y reclamos, en marzo de este año la Justicia corroboró pruebas de la indefensión del joven y que en la investigación se fraguaron elementos para implicarlo, como la adulteración del cuadro de la moto para hacer parecer que era robada, cuando la familia tenía los papeles de compra.
Fuente: Diario Norte.