Aerolineas
Aerolíneas, que sí, que no
Nuestro amigo Fabio Javier Echarri expresó, a través de Facebook, su molestia por el percance que le tocó atravesar al intentar tomar el vuelo de Aerolíneas Argentinas, para el que había adquirido su billete con la antelación de rigor. Según relató, 24 horas antes le enviaron un correo electrónico informándole: "Su vuelo está perfecto… haga su cheking”. Pero cinco horas antes recibe una nueva comunicación: "Su vuelo está cancelado, llame al 0800… para reprogramar…”.

Domingo, 26 de julio de 2015
...Así, a sabiendas de que ya había perdido su viaje de las 13 del viernes, se relajó y dejó pasar el tiempo, pero decidió llamar alrededor de las 11, y fue ahí cuando le dieron una tremenda sorpresa: "No señor, su vuelo sale con total normalidad, no hay ningún inconveniente”. Obviamente, a esa hora y debiendo recorrer una distancia considerable para llegar al Aeroparque Jorge Newbery, no era difícil presagiar que no llegaría a tiempo para embarcar. De todos modos fue prácticamente volando pero cuando se presentó a las 12.45, el avión ya estaba en la pista, por lo que lo sentenciaron con un frío: "Perdió el vuelo señor”. Como es de esperar, presentó su queja, ya que lo que le tocaba atravesar era consecuencia de una concatenación de deficiencias en la gestión de la compañía. Para compensarlo, le ofrecieron un vuelo por la noche pero a Posadas, para lo que debía abonar 1350 pesitos, además del correspondiente pasaje en micro desde esa ciudad hasta Resistencia. Tras manifestar sus críticas, no consiguió que le reintegraran el costo del boleto, pero al menos se lo dejaron "abierto”, es decir que lo puede usar en otra oportunidad, pero eso no quita que la próxima vez vuelva a sufrir esta peregrinación.
Como conclusión, el hombre analizó: "Aerolíneas Argentinas pasó de ser un monopolio privado a ser un monopolio estatal mal gestionado. ¿Qué es peor? Porque antes por lo menos nos protegía el Estado. Ahora ¿quién nos protege?”. Después, tuvo que elegir entre sacar boleto en micro o quedarse a vivir acodado en el mostrador de quejas. Todo esto, multiplicado por cuatro, ya que se encontraba acompañado por toda su familia.