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Africa padecerá el ébola por largo tiempo
La epidemia no se extinguió pero además los sistemas de salud quedaron afectados seriamente con otras enfermedades como HIV u otras. Graves secuelas económicas.

Sábado, 9 de mayo de 2015
El peor brote de ébola de la historia en África Occidental se declaró oficialmente en marzo de 2014. Seguramente no resultará una novedad para el lector, ya que el tema ocupó un lugar importante en la agenda mediática internacional durante largos meses. Sin embargo, de un tiempo a esta parte la mayoría de los medios dejó de informar sobre lo que acontece en el continente negro respecto de este virus mortal. Pero aunque no salga en la televisión, en la radio o en los diarios y revistas, la epidemia sigue viva.
Según los últimos datos que brinda la Organización Mundial de la Salud (OMS), el virus ébola infectó a 25.536 personas, de las cuales 10.980 perdieron la vida por esta causa. Para graficar la magnitud de la cifra, alcanza con aclarar que en agosto del año pasado la misma era de menos de 1000 muertos, lo cual hasta hoy da un crecimiento de alrededor de prácticamente el 1000% en tan sólo nueve meses.
Pero la doctora Gisa Kohler, jefa de la Misión de Médicos Sin Fronteras (MSF) advierte que persiste la epidemia (ver página 4) y da cifras: en Sierra Leona hay diez casos, en Guinea hay 22 casos oficiales y en Liberia todavía hay 100. Asegura que según el protocolo recién se podrá dar por concluida una vez que no se registre ningún caso durante el período de 42 días, publica Tiempo Argentino.
Del total de personas fallecidas a causa del virus del ébola la mayoría residía en los tres países más afectados por la epidemia, que se encuentran en África Occidental: Guinea, donde se registraron 1971 muertes, Sierra Leona, que notificó 3903 casos, y Liberia, con 4691. Además, hubo 8 muertos en Nigeria, el país más poblado de África, seis en Mali y uno en Estados Unidos.
Guinea, Sierra Leona, y Liberia, los países más afectados.
Las consecuencias de la epidemia de ébola en África dejan un escenario muy difícil para los próximos años, debido a que a las graves pérdidas humanas hay que sumarle serias secuelas económicas, que se traducen en una merma cuantitativa de ingresos nacionales, lo que sucede obviamente también en la mayoría de los hogares y actividades empresariales, que a su vez generan un crecimiento importante de la inflación, sobre todo en los bienes y servicios, incluidos los alimentos y los servicios de salud más relevantes.
Esta realidad que viven algunos países africanos generó también un crecimiento del desempleo, que por otro lado dificulta la erradicación de la epidemia, debido a la existencia permanente de grandes masas de personas que se mueven a lo largo y ancho del país –en muchos casos desde los pueblos hasta las grandes ciudades– en búsqueda de trabajo, y promoviendo el contagio de la enfermedad. Por este mismo motivo mucha gente se desplaza por las permeables fronteras nacionales, con la posibilidad de llevar el virus mortal a otros territorios.
La epidemia perjudicó también los sistemas de salud pública en los países más afectados, ya que el largo período en el que el servicio sanitario estuvo interrumpido por la crisis causó importantes lagunas en las actividades preventivas, como la vacunación sistemática de los niños y la atención a las personas que requieren de tratamientos a largo plazo, como sucede con los enfermsos de HIV u otras enfermedades crónicas.
Por citar un ejemplo, el gobierno de Liberia informó que desde enero de 2015 unos 92.000 niños menores de un año no recibieron ningún tipo de vacuna, lo cual los deja vulnerables a diversas enfermedades infantiles que se pueden prevenir. Asimismo, el número de niños vacunados mensualmente se redujo en un 60 por ciento. En ese contexto, la cobertura de vacunación contra el sarampión también se achicó al 58%, cuando el nivel mínimo requerido para ofrecer una protección efectiva contra el virus debe situarse en al menos el 80 por ciento.
Si bien las autoridades de la OMS reconocen que hay una disminución en la cantidad de infectados, la alerta sanitaria está lejos de erradicarse. Y no sólo porque el protocolo dice que para declarar una zona libre de ébola debe haber pasado un lapso de 42 días sin registrarse algún caso en alguno de los países limítrofes afectados, lo cual no sucedió, sino también porque los graves daños en la infraestructura de esos territorios generan un escenario inestable, en el que la epidemia puede volver a explotar.
Por otro lado, si bien de a poco la mayoría de los centros de salud en estos países están reabriendo sus puertas y generando las condiciones para poder volver a proporcionar inmunización sistemática, los profesionales sanitarios en muchos casos se sienten inseguros y reclaman contar con todas las garantías antes de volver a realizar inyecciones, ya que el contacto con la sangre representa uno de los principales riesgos de contagio.
Según cifras de la OMS, cerca de 500 trabajadores sanitarios perdieron la vida producto del contagio que les generó la asistencia a pacientes enfermos de ébola, lo cual representa un 8% del total de infectados, una cifra inusualmente alta incluso para el tratamiento de epidemias.
Luego de sufrir fuertes críticas de parte de diversos organismos internacionales especializados en el tratamiento de crisis sanitarias, la OMS admitió hace algunas semanas haber cometido graves errores ante la terrible propagación del ébola y prometió mejorar la capacidad de respuesta ante las epidemias y catástrofes humanitarias, para que esta sea más rápida y efectiva. "Cambiaremos nuestra forma de trabajo", señalaron la directora general de la OMS, Margaret Chan, y toda la cúpula del organismo en un comunicado. "Algunos han dicho que el mundo necesita una nueva organización. Estamos de acuerdo, y queremos que la OMS sea esa organización", añadió el escrito.
Entre las principales críticas que recibió el organismo con sede en Ginebra, Suiza, está la de haber reaccionado demasiado lentamente, ya que la OMS dudó durante demasiado tiempo hasta que declaró en agosto de 2014 el estado de emergencia sanitaria internacional y llamó a tomar medidas coordinadas en todo el mundo contra el mayor brote de ébola registrado jamás. "La OMS debería haber movilizado más recursos y con mayor premura", aseguró Christopher Stokes, director de la organización Médicos Sin Fronteras. "El brote de ébola ha sido descrito con frecuencia como una tormenta perfecta: una epidemia que atravesaba fronteras en países con sistemas públicos de salud débiles, que nunca habían experimentado el ébola con anterioridad. Sin embargo, esta es una explicación demasiado conveniente. Para que el brote de ébola alcanzara las dimensiones que adquirió y se descontrolara, muchas instituciones tuvieron que fallar. Y lo hicieron con consecuencias trágicas y evitables", añadió Stokes.
El ébola se conoció en el año 1976 en las cercanías del Río Ébola, de ahí su nombre. El virus se introdujo en la población humana por el contacto con órganos y secreciones u otros líquidos corporales de animales infectados. Se cree que existe más de una especie animal que puede albergarlo, pero son los murciélagos frugívoros los principales reservorios naturales del ébola. El virus se difunde en la comunidad mediante la transmisión de persona a persona, por contacto directo con órganos, sangre, secreciones u otros líquidos corporales de personas infectadas, o por contacto indirecto con materiales contaminados por dichos líquidos, como por ejemplo agujas. El ébola no tiene cura y además no existe una vacuna para prevenirlo, pero sí hay tratamientos paliativos de los síntomas, que son la aparición súbita de fiebre, debilidad intensa y dolores musculares, de cabeza y de garganta, lo cual va seguido de vómitos, diarrea, erupciones cutáneas, disfunción renal y hepática y, en algunos casos, hemorragias internas y externas.
Fuente: Infonews