Política
Víctor Hugo Morales: "Nunca sentí una violencia tan humillante"
El periodista habló de la agresión que sufrió mientras preparaba un informe frente al muro que el Grupo Clarín levantó en Barracas. Dijo que los atacantes "estaban instruidos" y prefirió no señalar a posibles responsables.
Viernes, 17 de abril de 2015
              
Lo había anunciado en su programa, La Mañana, en radio Continental. Esa tarde, la del miércoles, Víctor Hugo Morales iría hasta el muro que el Grupo Clarín levantó en la calle Ascasubi, en Barracas, en el límite del predio de los talleres con la villa 21-24, para hacer algunas tomas que serían parte de la emisión del domingo próximo de Bajada de Línea (canal 9). Pero un grupo de agresores lo intimó a que se retirara. Incluso, en las imágenes que tomó con disimulo el camarógrafo que lo acompañaba, se observa cómo un autómovil Chevrolet, con patente FXV202, se acerca imperativamente e incluso llega a golpear levemente la pierna del periodista. Luego de nuevas amenazas, la comitiva periodística se retiró del lugar.

Víctor Hugo fue esa noche a la cancha de River a relatar el partido por la Copa Libertadores y luego intentó olvidar el episodio en una función de tango. Ayer comentó el hecho en su programa y por la tarde habló con Tiempo Argentino, tras prestar declaraciones en la comisaría 30ª. "Decidí no iniciar acción penal –anunció el periodista–. La ley me da derecho durante dos años para iniciarla. Me lo reservo porque es el modo de proteger a las personas que, dentro del barrio, están involucradas en la denuncia por el muro. Y que están perfectamente detectadas por la gente que me impidió hacer el trabajo. Si ellos cometen algún hecho de intimidación o algo por el estilo, puedo gatillar esa acción y tengo dos años para hacerlo. Paralelamente tomamos contacto con el juzgado de la doctora Lidia Lago, que tomó la decisión de que este muro debe ser derrumbado, y nos enteramos de que el gobierno de la Ciudad apela argumentando que los denunciantes no tienen un interés directo porque no viven frente al muro y no tendrían la obligación de pasar por allí..."

–¿Como estás a 24 horas del hecho?
–Nunca sentí una violencia tan humillante. Son heridas que se marcan en el alma. Uno las elabora con el paso de las horas. Además, la adhesión de tanta gente, el pronunciamiento periodístico, en términos de auténtica libertad y de comprensión, la gente viendo las imágenes que afortunadamente puedo mostrar... Todo eso me quitó la sensación más importante con la que yo me fui ayer de ese lugar, que fue de una inmensa humillación en lo personal y en lo profesional. Valoro la decisión del camarógrafo de seguir tomando imágenes. Si no, sería palabra contra palabra.

–¿Tuviste miedo? ¿Pensaste que la agresión podía ir más allá?
–Bastaba simplemente con levantar la cámara, ponerla en el hombro y mostrar que filmaba o que yo me plantase en la decisión de 'voy a hacer la nota'. Lo que pude ver es que estaban instruidos para ir hasta cierto punto. Eso me dio mucha tranquilidad, después de instantes de mucha tensión. Yo estaba pesado con eso de entender qué pasaba y uno parecía que me iba a golpear: pero el otro pasó por detrás y le dijo: "No lo toqués, ya sabés."

–Un límite que se impusieron.
–Siempre que obedeciéramos no iba a haber violencia física innecesaria. Sólo la necesaria de mostrarnos el camino. No hubo lesiones ni siquera leves. Lo que tengo es una roncha en el tobillo por el golpe del auto en el momento de frenar –con cinco centímetros más de recorrido, me llevaba el pie–, en lo que fue el hecho más vandálico. Tenía miedo de que rompieran la cámara. Pero empecé a entender que era mejor irnos, porque no la rompían y lo tomé como una señal. Me llamaron tratando de atemperar los ánimos. Pedir disculpas. No sé las acepté directamente pero influyeron en la declaración que hice a la tarde, para proteger a la gente que queda dentro de ese barrio.

–Estaban instruidos. ¿Por quién?
–No me gustaría recorrer el camino de las suposiciones. Estamos hartos del sería, del potencial, del podría ser… O atribuirles responsabilidades a quienes uno no puede demostrar fehacientemente que las tienen. Puede venir de muchos lados. De motu proprio, porque se sienten protegidos por el propio grupo Clarín, por las prebendas que distribuye en esa zona. Pueden ser vecinos. O de alguien que recibe protección de otra naturaleza. La razón podría ser política. Si la Ciudad alienta una apelación descabellada es porque el interés político al grupo es muy alto.

–Esa connivencia es concreta y no hace falta usar el potencial.
–Una vergüenza que no puedo tolerar. Fui a hacer la nota porque quería hacer un programa sobre el muro. No pensábamos que el Gobierno de la Ciudad iba a tener el tupé de apelar a favor del Grupo. Ya en el litigio se había mostrado defensor de los intereses de Clarín. Se suma al wi fi que le dan al Grupo para que lo ponga en la Ciudad, las PC, cámaras de seguridad, el fútbol de Boca que Macri le dio en su momento a Canal 13, el Colón cuando reaparecía, todo el marketing de Argerich el año pasado... Todo eso marca una convivencia que avergüenza a la política puesta de rodillas ante las corporaciones.

–¿Tenés temor a nuevas apretadas?
–No. Sería pertinente ir otra vez cuando se concrete que se efectivice la apelación. Pero no iré personalmente: sería una especie de provocación. Parece mentira que un ejercicio periodístico se pueda convertir en una provocación cuando siempre es un derecho.

Fuente: INFOnews
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