Locales
Los domingos el parque del Tiro Federal se convierte en una gigantesca feria de garaje
La feria americana abandonó el garaje y se mudó al aire libre. En este lugar se combinan la venta y la dispersión mediante la concurrencia de miles de personas durante los fines de semana. Se encuentra desde comida, ropa, calzados, artesanías.
Viernes, 30 de enero de 2015
              


El parque urbano Tiro Federal no hace distinciones: allí se pueden encontrar los más diversos artículos, entre nuevos y usados, y gente haciendo diferentes actividades. Hay quienes se acercan a hacer deportes, quienes prefieren salir a distraerse y quienes “de paso” aprovechan alguna oferta que logre seducirlos.

Pero, al final de tantos colores y formas, este lugar se convirtió desde hace algunos años en un espacio que les permite a quienes exponen su “mercadería” conseguir un sustento para vivir -en algunos casos el único- que cada fin de semana les renueva la esperanza.

Basta con una mirada al pasar para observar lo que aquí sucede: es la conjunción de un comercio casi subterráneo que no se impone como competencia al registrado; y de un “trueque” o intercambio entre los que venden una cosa y compran otra, y los que pasean.

Más allá de lo peculiar que pueda ser la transformación que vivió este lugar, para la mayoría de los puestos que exponen constituye un apoyo a otros ingresos que percibe la familia.

Y aunque no se puede generalizar, hay una predominancia de mujeres que cocinan y venden sin descanso los días jueves, viernes, sábados y domingos, desde la siesta hasta que cae la noche. Desde la intersección de las avenidas Chaco y Castelli y todo a lo largo del costado del parque que linda con estas calles altamente transitadas, uno al lado del otro conviven los feriantes ofreciendo sus productos al borde de las veredas.

Algunos reconocen que pueden ser una molestia para quienes quieren venir a caminar o a hacer ejercicio en el parque, pero también argumentan que no les queda otra que venir para alimentar a sus familias.

Más allá de las miradas positivas o negativas, esta megaferia americana tiene ropa nueva y usada, calzados, mercadería, comestibles dulces y salados, elementos de cocina, juguetes, almohadas, artículos de limpieza, artesanías y los más diversos objetos usados, hasta ruedas de moto, entre ellos.



Un gran espacio recuperado

En el 2012 fue inaugurado este parque urbano, con la idea de que fuera uno de los espacios verdes y de esparcimiento más grandes del norte argentino.

La obra fue financiada con fondos provenientes de Lotería Chaqueña y demandó una inversión aproximada de 28 millones de pesos, con la perspectiva de beneficiar en forma directa a más de 51 mil vecinos.

El Parque Urbano Tiro Federal es un predio de 10,3 hectáreas, que cuenta con un sector de plaza, un imponente polideportivo -canchas de fútbol, básquet, handball, fútbol para ciegos y circuito de skateboard- y tres módulos de servicios públicos.



Una práctica que crece

Según se sabe, la feria americana es un fenómeno surgido en Estados Unidos como una manera de deshacerse de lo que ya no usaban y a la vez obtener dinero por eso. Esta práctica, que tiene su reproducción en distintas partes del país, tiene dos características principales: la mayoría de las cosas que se venden son usadas y se las obtiene a un muy bajo costo.

En Resistencia, no sólo se encuentra este comercio en el parque, sino que en muchos casos, las personas habilitan su vereda o su garaje para ofrecer aquella indumentaria y objetos que ya no quieren usar. Basta tan sólo recorrer las calles de la ciudad un fin de semana para dar cuenta de este fenómeno que cada día se reproduce con más fuerza.

En algunos casos por necesidad, en otros por recambiar el guardarropas o salir de vacaciones, quizás. Lo cierto es que esta manera de comercializar ya no le es ajena nadie.


“Los usos agregan su propia impronta a los lugares”

Miguel Ángel Barreto, doctor en antropología y profesor de la cátedra de Desarrollo Urbano de la Facultad de Arquitectura, fue consultado por NORTE para darle una interpretación a este fenómeno que cada vez crece con más fuerza.

“Se trata de un conjunto de prácticas económicas que busca acompañar los ingresos percibidos por planes sociales -que benefician a casi el 100% de la población- que no son suficientes para vivir”, explicó Barreto, agregando que la mayor parte de las personas que ingresan a este “comercio informal”, están incluidas en el sistema pero con ingresos muy bajos que no les alcanza para vivir”.

“Con esta práctica, lo que hacen es reunir un combo de ingresos por sumatoria familiar y en muchos casos esos recursos son utilizados para capitalizarse y realizar algún emprendimiento”, comentó Barreto, explicando lo que sucede en este y otros lugares de la ciudad.

Relaciones sociales

Al consultarse por una interpretación acerca de la coyuntura que lleva a emerger esta situación, Barreto sintetizó diciendo que “cada práctica social tiene una economía”, por lo que este fenómeno no se puede separar entre práctica cultural, o economía, asociado a la necesidad; sino que se debe analiza en su complejidad, entendiendo que se trata de relaciones sociales.

“El mercado siempre fue una institución de relaciones complejas, de intercambio, pero no sólo de necesidades, sino también de paseo”, explicó Barreto.

En ese sentido, agregó que aunque el fin principal de este parque urbano no haya sido el que tomó en la actualidad, “el uso social reconfigura los espacios, llevándolos a prácticas que no estaban planeados originalmente”.

“La realidad social se mezcla con la planificación y los usos le agregan sus propias improntas a los lugares, sobre todo, porque la planificación no siempre es consultada”, concluyó el especialista.



Desde ropa hasta juguetes, pasando por las infaltables tortas

En la esquina del parque hay un puesto que tiene a cinco personas amasando, friendo y asando, es el puesto de las tortas fritas y a la parrilla y también el lugar de los pastelitos. Se trata de toda una familia, que con la madre como conductora de la iniciativa, conformó uno de los primeros puestos.

Aunque ahora ésta ya se convirtió en una forma de vida para Claudia y su familia, al principio fue la única salida que les permitió seguir adelante, ya que todos los que aquí trabajan -a excepción de su esposo- son desocupados.

Primero sólo hacían torta frita, pero la venta rápidamente tuvo sus frutos y debieron ampliar la cantidad y la diversidad de productos: actualmente amasan más de 80 kilos de harina cada domingo y traen harina y los ingredientes necesarios por si tuvieran que improvisar sobre la marcha.

A eso de las tres de la tarde comienzan a armar el puesto y a preparar todo para recibir a la avalancha de personas que, apenas da un poco de respiro el calor, comienzan a llegar con su tereré o alguna otra bebida refrescante; y lo que aquí ofrecen viene perfecto para acompañar.


Sustento diario

Una situación distinta vive Marta, quien a causa de tener que abandonar el carro con el que trabajaba tuvo que optar por venir a vender ropa usada. Ella tiene ocho hijos y este lugar le permite por un lado hacer unos pesos y, por otro, traer a los chicos a jugar el tiempo que dura la venta.

La mayor cantidad de prendas las consigue de donaciones y las vende a un costo muy bajo que va de los 5 a los 10 pesos. A ella se la puede encontrar los jueves, viernes, sábados y domingos, los días en los que las personas aprovechan para pasear. Marta cuenta que lo que más pide la gente es la ropa de hombre y calzados para el trabajo, una muestra de lo popular que es este lugar.

Los trabajos de artesanías también se dan lugar en este gran espacio de compraventa. Un ejemplo de ellos es el que lleva adelante Ana, quien gracias a la venta de pulseritas con nombres, mantiene a toda su familia. Sólo 5 pesos cuesta cada una y si no tiene el nombre del comprador, la hace en un minuto.

Para ella venir al parque significa una manera de reunir algo de dinero, pero también una oportunidad para intercambiar productos por alguna oferta que cuadre con sus necesidades. Sábados y domingo se la puede encontrar tejiendo nombres.

“Para mí, lo que pasa acá es similar al trueque, porque nadie se enriquece y nos compramos y vendemos unos a otros”, expresa.

El clima es un factor condicionante en este caso, ya que al ser al aire libre si llueve, por ejemplo se complica la venta a causa de que hay poca concurrencia. Ana cuenta que en una oportunidad le ofrecieron un plan social, pero que ella se negó, porque prefiere trabajar de esto, ganarse cada peso y hacer un trabajo económico y de primera mano para sus clientes.

Pastelería al paso

“Necesitaba un ingreso para enfrentar la inflación y también poder poner el práctica mis talentos”, dice María Elena, con una sonrisa que le ocupa toda la cara. “A la gente, lo mejor -continúa-, buena mercadería fabricada con la mejor materia prima y a un precio económico”.

Ella es una ama de casa que durante toda su vida solo se dedicó a los quehaceres domésticos y que ahora, además de poder contribuir para cubrir los gastos, encontró un espacio para distenderse. “Una vez que me conocen, vienen siempre”, asegura la mujer que junto a su hermana vende pastelitos, pastafrola, bolas de fraile, alfajores de maicena y algún otro producto, todo realizado por ella misma.

“Lo que yo busco es poner mi talento al servicio de los demás, y con este trabajo me di cuenta de que hay muchos niños carenciados”, dice agregando que aunque se enfrenta a situaciones complejas, en este parque hay personas de todas las clases sociales.

Ella lo hace con gusto, y está dispuesta a mejorar, según dice. María Elena es un vecina del parque y dice que la transformación que vivió este lugar le cambió la vida a las personas de la zona.

Los que compran

Al costado de la avenida Castelli hay una familia tomando tereré. Sofía es la madre y viene desde el barrio Toba a ofrecer ropa también, aunque en esta oportunidad, sólo vino a comprar. Al lado de ella hay un hombre de unos 30 años, sonriendo muy contento porque consiguió una zapatilla usada “de marca” a sólo 40 pesos.

“Se encuentra de todo un poco a un precio muy beneficioso, incluso ropa nueva”, cuenta la mujer, contando que en varias oportunidades compró ropa para ella y también para sus hijos.


El fenómeno también es virtual

Más allá de la particular transformación que tuvo este lugar, quizás motivado por la necesidad económica, la feria es un fenómeno actual que trasciende lo físico. Las redes sociales fueron y son un canal de permita y venta que también se hace a modo de intercambio entre los mismos usuarios.

Ejemplo de esta particular práctica virtual son algunos grupos de Facebook como “Feria Americana. Venta de ropa nueva y usada”, o “Feria Americana Femenina de Nuevos y Usados Gran Rcia y alrededores”, donde se ofrece principalmente ropa y calzados, pero también hay algún que otro electrodoméstico e inmuebles.

En estos sitios la principal operación es la permuta: de un vestido por una sandalia, de un artefacto de estética femenina por otro, o venta de perfumes.



Fuente: Norte Chaco
Por Mariel Luna
Copyright ©2011 | www.ActualidadChaco.com
www.iefer.org.ar | Todos los derechos reservados
info@actualidadchaco.com | redaccion@actualidadchaco.com
Fundación IEFER
Portada | Locales | El interior | Regionales | Nacionales | Internacionales | Deportes | Espectáculos

DESARROLADO POR: www.chamigonet.com.ar