Cultura
El vuelo de la palabra con Meloni y Ortiz
Hoy el Complejo Cultural Guido Miranda se viste de fiesta para la presentación de La palabra echa a volar en el canto, el nuevo disco de Coqui Ortiz, con arreglos de Carlos Negro Aguirre, que contiene la poesía de Aledo Luis Meloni.
Viernes, 5 de diciembre de 2014
              
El poeta longevo, que estará esta noche a las 21:30, dijo que no tiene más que gratitud para el trabajo de Ortiz, que hizo realizada eso de que su copla tome el vuelo definitivo. La presentación estará a cargo de la periodista María Cristina Matta y la entrada es gratuita.

El disco
La palabra echa a volar en el canto es una producción del sello discográfico Shagrada Medra y reúne a un puñado de los mejores músicos de la región, con la dirección y piano del enterriano Negro Aguirre. El disco contiene 12 coplas de don Aledo musicalizadas por Ortiz, además de la melodiosa voz del coplero, que va haciendo la introducción de algunas canciones.
La música de Coqui Ortiz y la palabra de Aledo Meloni se dan cita en “La palabra echa a volar en el canto”


El resultado en un delicado puñetazo por la fuerza en la que palabra y sonido golpean al corazón. Esta producción puede concretarse en el marco de los proyectos artísticos y culturales “El Matecito” y “Esto también está sonando”, financiado a través de la Ley 5459, Fomento de la Actividad Privada en Actividades Culturales (Mecenazgo) y Declarado de Interés Cultural por el Instituto de Cultura del Chaco.

El disco es el resultado de muchas voluntades: primero la amistad entre Aledo y Coqui; luego el laborioso trabajo musical de Carlos Aguirre y Coqui Ortiz; el trabajo técnico de Yamil Isaac, José Rodríguez e Iván Tarabelli; el arte de Federico Bojanich para el diseño del disco y la producción de Juanchi Langellotti.

La palabra echa a volar en el canto se puede conseguir en la tienda El Alternativo, que está dentro del Centro Cultural Alternativo en Santa María de Oro 471. Su precio es accesible, sólo 50 pesos, para una obra sensible, que merece ser escuchada por todo el que ame la música y la poesía.
La escucha

La obra es una pieza única, no sólo por el valor de la obra de Meloni y la musicalización de Ortiz y Aguirre; sino porque es el testimonio vivo de que la palabra y la música van haciendo el mismo trabajo: tejer redes en el alma. También es una máquina para viajar en el tiempo: se saltan 70 años para unir dos generaciones de artistas casi imposibles o al menos, no sospechables.

Como dice Aledo: “No estoy yo solo en mi copla/ en su juego, en su intensión/ están todos los que sienten/ lo mismo que siento yo”, porque este es un disco que te habla al corazón desde el sonido de la guitarra de Ortiz, o los arreglos y el piano de Aguirre; desde la paz profunda que trasmite la voz del coplero.

Coqui tira una mano para entender la dimensión de la esta palabra compartida que don Aledo regala: “Algo que disfruto mucho y me parece importante es el registro de los poetas diciendo, recitando, contando algo en torno a su obra. En el disco está la voz de Aledo tal como la compartimos hace unos años en distintos escenarios de nuestra provincia.

Fueron días hermosos e intensos de compartir viajes con él y con su familia, conocer a algunos amigos y ex alumnos que fueron a algún concierto, anécdotas, historias que quedan para siempre”. En La palabra echa a volar en el canto hay coplas bellísimas como “Pueblo”, que habla de la explotación laboral; “Boyerito”, que cuenta la infancia de Aledo; o las coplas de amor, que nos hablan de un hombre enamorado.
La creación

“Escuchar mis poemas, musicalizados bellamente por Coqui Ortiz, con el acompañamiento tan delicado de Carlos Aguirre en piano me transporta a un instante feliz, al instante único de la creación de cada uno de estos temas. Hermoso regalo que debo a estos dos amigos entrañables que Dios quiso concederme, y a lo que agradezco de todo corazón”, agregó Aledo.

Ortiz hace memoria: “Fue en el 98 o 99 que visité por primera vez a Aledo. Yo componía o intentaba componer canciones desde siempre, pero por esos tiempos comencé a probar algunas músicas sobre textos de algunos poetas y fui derecho a los que podían estar cerca, aquellos con quienes pueda conversar y consensuar, ya que siempre me pareció que el acto de componer una obra entre dos debe fluir con naturalidad y los dos deben ser parte de ese proceso.

Quiero decir que ambas partes deben encontrar algunos puntos en común y sentir que el otro está diciendo más o menos lo mismo”. En el proceso de trasmutación pueden pasar muchas cosas y el músico reflexiona desde su lugar ese hecho: “Podría ocurrir que el poeta no haya imaginado sus palabras cantadas, o si; pero no del modo en que el otro la interpreta.

Hay obras que me gustan pero a veces intuyo que al poeta puede no gustarle mi intervención sobre ellas. En este caso, es un terreno difícil, porque soy yo el que está haciendo una lectura de Aledo. Soy yo el que primero encuentra simpatía con algo que lee.

Entonces siento siempre la necesidad de mostrar al otro lo que hice y darle su tiempo para esperar una devolución. En ese proceso me ocurren dos cosas, por ejemplo sobre alguna letra que me gusta mucho nunca encuentro una música, y por otro lado, musicalizar algo que después siento, pero que tal vez al autor no le convence del todo.

Todo este proceso es muy personal. Ortiz recuerda ese primer encuentro con el coplero eterno: “La primera tarde que me presenté en casa de Aledo, fui solo y le dije que quería conocerlo. Llevé mis letras y mi guitarra para compartir. A partir de allí se hizo habitual que yo pase por su casa de a compartir charlas, lecturas, músicas.

En esos encuentros también fui descubriendo y me fui asombrando de la relación que nos une en las canciones. No es una relación padre hijo, nieto. Somos dos construyendo una obra en común. Sobre todo, de parte de él, este es un gesto muy generoso, porque es como si yo entrara a su casa, a su mundo y de pronto pinto las paredes del color que yo imagino”.

Lo que primero fue verso, hoy es música: una construcción ordenada de sonido y voz. “Aledo dice la palabra echa a volar en el canto y creo que es así. En un libro la palabra se encuentra con el lector y el lector para sí mismo la dice, muchas veces en soledad. Sin embargo con el canto sale al camino. Con esto que digo no le estoy asignando un mayor valor a la canción, digo que toma otros rumbos, es otro el vehículo, y de este modo toma el camino. Hay otros compañeros que también musicalizan y cantan a Aledo, como Verónica y Sergio, Rubén Tolosa, Humberto Falcón, Motta Luna, Casiana Torres”, dice Coqui Ortiz.

La palabra va y es sonido: atraviesa materia y realidades; pero cuando se cruzan dos como don Aledo y Coqui Ortiz, se vuelve mano certeza, apretando la humedad de la sístole y diástole.



fuente: Diario Norte
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