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A 10 años de la mayor tragedia escolar argentina persiste el dolor en Patagones pero subyace mirada una por la paz
Dolor, impotencia, la necesidad de romper un silencio que duró diez años y una mirada esperanzadora por la paz son las sensaciones que se viven en Carmen de Patagones al cumplirse este domingo una década de la llamada "Tragedia de la Escuela Islas Malvinas".

Sábado, 27 de septiembre de 2014
Los padres de los sobrevivientes y de los fallecidos, junto a autoridades escolares y municipales, realizarán el primer acto de recordación en forma conjunta cuando se reúnan mañana para descubrir tres grandes esculturas, que representarán a Federico Ponce, Sandra Núñez y Evangelina Miranda, los estudiantes fallecidos aquel 28 de setiembre del 2004.
"Seguramente será un momento muy emocionante, nos daremos un largo abrazo todos los padres que sufrimos esta tragedia porque sólo nosotros sabemos lo que tuvimos que luchar para poder mantener con vida a nuestros hijos y consolar a los padres que no los tienen. Espero que esto sea el punto de partida de un compromiso de toda la comunidad por la paz después de diez años de silencio", dijo a Télam Nina, madre de Rodrigo Torres, uno de los cinco sobrevivientes.
Hace diez años los alumnos del primer año B de la Escuela Media 2 Islas Malvinas formaron para el izamiento de la bandera como todas las mañanas, aunque los compañeros de Rafael Junior Solich lo notaron inquieto, vestido con un camperón poco habitual.
Ingresaron al aula y Junior ocupó el primer banco al lado de la puerta, cerca de su compañero Dante Pena, con quien había trabado amistad en los últimos meses, ya que compartían los mismos gustos musicales.
Mientras esperaban al profesor de Derechos Humanos, Junior se levantó, miró a la clase, volvió a su banco, extrajo el arma de su camperón y comenzó a disparar, "de derecha a izquierda, por eso los chicos que sufrieron la peor parte estaban sentados a la derecha del aula", dijo a Télam Rodrigo Torres, uno de los sobrevivientes.
"Todo fue muy rápido, cuando salió la primera bala con Fede (Federico Ponce), con quienes eramos muy amigos, nos miramos y sonreímos, pero al escuchar el segundo disparo y ver el casquillo, nos tiramos al piso. A mí me impactaron dos balas en el tórax. Desde el suelo, alcancé a ver a Pablo Saldías que pestañeaba y al ver que vomitaba sangre me agarraron de atrás y salimos del aula", relató.
Rodrigo contó que en el pasillo lo vio a Dante Pena que se arrojaba sobre Junior increpándolo y preguntándole qué había hecho.
"En ningún momento me desmayé, vi al preceptor parado como una estatua hasta que el kiosquero de la escuela me agarró y me llevó en su auto al hospital, allí sí perdí el conocimiento".
"Toda esa secuencia la recuerdo muy bien y hoy, a diez años de vivirlo, siento el mismo dolor que sentí el primer, segundo o tercer año. Con la ayuda de mi familia, apoyo terapéutico y amigos pude superarlo pero aún me faltan piezas para terminar de armar el rompecabezas. Me falta saber lo que yo no vi y poder charlar con Junior sería una pieza clave", reflexionó el joven que tiene 25 años y vive en Viedma.
Hablar con el autor de los disparos "no me generaría miedo ni rencor, necesito saber qué pensaba en ese momento, qué quería hacer, si lo planificó, si nos tenía bronca. Personalmente descarto cualquier caso de bullying, a mí me habían hecho bromas más pesadas que a él. Sin dudas lo que él le pasaba lo traía desde la casa", sostuvo.
Rodrigo siente bronca e impotencia "por los compañeros que ya no están" y en especial porque piensa que "la tragedia se podía haber evitado".
"A Junior ya lo habían sacado dos o tres veces de la clase la gente del gabinete psicopedagógico. Pienso que ellos se podían haber dado cuenta de que algo andaba mal. Nosotros lo veíamos como alguien raro, que dibujaba cruces esvásticas y cruces invertidas en el pizarrón, pero nos reíamos y no le prestábamos atención", aseguró.
Tomas Ponce, padre de Federico, también siente dolor porque "en este caso nunca hubo Justicia, ya que no se investigó la cadena de responsabilidades, desde la escuela hasta la Prefectura Naval", repartición de la que el padre de Junior era miembro, por lo que tenía un arma reglamentaria, que fue la que usó el menor para disparar contra sus compañeros.
"El padre de Junior había ido en marzo y en junio del 2004 a pedir ayuda al colegio porque observaba conductas extrañas en su hijo y él no podía sólo", recordó Ponce, quien aseguró: "Hoy los chicos siguen mal, especialmente cuando se enteran de que Junior anda suelto. Duermen con la luz prendida en sus casas y tienen miedo hasta de los flashes de las cámaras fotográficas".
Nina destacó que durante diez años "nadie quiso hablar de esto, nos sentimos desamparados. Esperemos que todo esto sirva para ayudar a las familias, que se acabe el silencio y, tras esta década, el dolor de cada padre sirva para que resurjan con nueva fuerza los mecanismos para que esta tragedia no se vuelva a repetir".
Rafael Junior Solich estuvo bajo la tutela del juzgado de menores hasta que cumplió los 21 años, a partir de entonces sigue un régimen de vigilancia a cargo del Juzgado de Familias 4 de La Plata y vive con sus padres en una localidad cercana a la capital provincial.
Los cinco sobrevivientes de la tragedia, Pablo Saldías, Rodrigo Torres, Natalia Salomón, Valeria Casasola y Nicolás Leonardi, lograron reconstruir sus vidas, aunque algunos ya no residen más por esa zona.
Fuente: Télam