Locales
Para el problema del estacionamiento hay muchas multas pero ninguna solución
La acción de la Municipalidad de Resistencia en materia de “ordenamiento del tránsito” se reduce a prácticamente una sola tarea: vigilar el cobro del estacionamiento medido e impedir que los vehículos aparquen sobre mano izquierda.

Sábado, 24 de mayo de 2014
“No hay dónde estacionar”, es la frase habitual de los habitantes de la capital que tienen que emprender la aventura de efectuar una compra, un trámite o una consulta médica entre las cuatro principales avenidas de Resistencia. Los que apuestan a dejar su vehículo sobre mano izquierda durante algunos minutos se arriesgan a que la grúa comunal se lleve sus autos o camionetas y a tener luego que pagar unos 900 pesos para recuperarlos.
Un debate sin salida
El asunto fue discutido más de una vez, pero hasta ahora no hay una salida a la vista, independientemente de algunos anuncios municipales sobre apertura de playas y acciones que no se ven próximas. Mientras tanto, el parque automotor sigue creciendo, el centro está cada vez más superpoblado a raíz del boom inmobiliario de los últimos años y los espacios públicos disponibles quedaron reducidos por la aparición de la peatonal y los lugares reservados para taxis, remises y motos.
El escenario ya había comenzado a complicarse bastante antes, cuando se determinó la prohibición de estacionar sobre mano izquierda y se quitó la posibilidad de hacerlo alrededor de la plaza 25 de Mayo. Es cierto que las dos determinaciones hicieron más fluido el tránsito en el microcentro, pero a esta altura cabe preguntarse si no son mayores los perjuicios que los beneficios.
También es verdad que en algunos casos las infracciones son un simple acto de comodidad. No es raro ver vehículos estacionados sobre mano izquierda pese a haber lugar disponible sobre la derecha, o conductores saludables que optan por la falta para evitarse una caminata de apenas una o dos cuadras.
Así como tampoco se pueden avalar los estacionamientos indebidos que ponen en peligro a otras personas, como los que se suelen ver en las esquinas de Güemes y Córdoba y de Güemes y Laprida, donde es habitual que algunos ignorantes desaprensivos coloquen sus autos en las ochavas, haciendo casi imposible que un conductor que avanza por una calle pueda ver si por la arteria que va a cruzar viene o no otro coche.
Pero más allá de esas actitudes desaprensivas, el problema del estacionamiento es real, y afecta a personas que tienen problemas de salud o dificultades que no les permiten estacionar a ocho cuadras de distancia del lugar al que quieren acudir. Hasta zonas de la ciudad en las que antes era fácil conseguir lugar, son ahora sectores saturados.
Falta más que multar
Con este panorama, que no cambiará en el mediano plazo, debería discutirse si es útil mantener la restricción del estacionamiento sobre mano izquierda y la que impide hacerlo en torno de la plaza central.
Pero en una visión más integral, es evidente que la política de tránsito del municipio no puede circunscribirse a vigilar el estacionamiento. Dejar un vehículo sobre mano izquierda, en todo caso, es una de las infracciones menos riesgosas de entre todas las que se producen y ven a diario. Basta con considerar lo siguiente:
-Prácticamente no hay más controles sobre el respeto a los semáforos de la ciudad, pese a que es común ver que en todas partes las señales son violadas por todo tipo de vehículos. Fuera del centro, la situación es directamente de anarquía total en este punto.
-Ligado al ítem anterior, se aceptó mansamente que los semáforos son sólo para vehículos de cuatro ruedas. No hubo ni hay controles que sancionen a motociclistas y ciclistas que pasan semáforos en rojo.
-Las campañas en favor del uso de casco por parte de motociclistas fracasaron, ya que lograron sólo un leve incremento en los índices de utilización de esa protección.
-Hay una cantidad impresionante de vehículos (sobre todo motos) que circulan de noche sin luces, algo que en Resistencia, una ciudad de pésimo alumbrado público, es altamente peligroso. Pese a ello, no hay controles sobre el tema.
-No se controla el respeto a las sendas peatonales. Es común ver vehículos que esperan la luz verde del semáforo detenidos sobre ese sector.
-No hay controles de velocidad en los sectores de la ciudad en que suelen verse vehículos circulando de modo riesgoso.
-No se controla el uso de cinturones de seguridad en automovilistas.
-No hay controles sobre los niveles de ruido de autos y motos.
-No hay sentido común en la colocación de semáforos. Hay semáforos de esquinas de escaso tránsito que tienen el sistema de preaviso (intermitencia de la luz verde cuando se aproxima el momento de la luz amarilla) pero otros, como el de Sarmiento y Lavalle, que no tienen esas señales de advertencia, aun siendo un cruce de alta densidad de tránsito.
-Cuando hay embotellamientos de tránsito por accidentes, protestas, actos o recitales, prácticamente nunca hay agentes de tránsito para ordenar la circulación y evitar que los desvíos forzosos se conviertan en un caos en el que avanzan los más audaces.
La lista podría seguir, pero la conclusión es que el tránsito de Resistencia tiene urgencias mucho mayores que las de hacer cumplir a rajatabla las pautas de estacionamiento. Éstas debieran rediscutirse para que se adapten a la nueva realidad urbana, en lugar de pretender que sea ésta la que se amolde a una normativa que quedó desbordada.
FUENTE: diarionorte.com