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Carlés: se insiste en políticas de mano dura porque "son redituables políticamente"
El abogado y coordinador de la comisión que elaboró el anteproyecto de reforma del Código Penal, Roberto Carlés, criticó las políticas que impulsan la mano dura porque "no dan resultado para combatir la inseguridad", y quienes las pregonan lo hacen porque "son redituables políticamente".
Viernes, 18 de abril de 2014
              



Carlés, coordinador de la Comisión para la Elaboración del Proyecto de Ley de Reforma, Actualización e Integración del Código Penal, aseguró en diálogo con Télam que "más que un proyecto de reforma lo que le presentamos a la presidenta Cristina Fern{andez de Kirchner es un nuevo Código Penal, porque en la actualidad no lo tenemos".

"Del Código Penal de 1921 es poco lo que quedó, era un buen código, fruto también de una comisión multipartidaria, plural, presidida por un conservador en tiempos de la primera presidencia de Hipólito Yrigoyen", señaló.

Carlés recordó que las "más de 900 reformas que sufrió en estos 93 años de historia hicieron que prácticamente se desdibujara por completo. Y si a eso le sumamos las más de 400 leyes penales especiales y normas dispersas en todo tipo de legislación, entonces lo que tiene que ser un Código, ya no lo es más, no tiene sistematicidad, no tiene coherencia interna, ni proporcionalidad. Es un rejunte de normas incoherentes".


Télam: ¿Por qué tantas reformas? ¿Que lleva a una reforma del Código Penal?
Carlés: Se han reformado tantas veces porque, por lo general, el motivo que impulsa la reforma es lo que se conoce en la academia como emergencia punitiva. Un hecho de gran trascendencia pública que impulsa a los políticos a dar una respuesta inmediata, como una solución mágica al problema. Eso es lo que genera que se vayan realizando reformas sistemáticas y contraproducentes en la mayoría de los casos.


¿Qué consecuencias tienen o han tenido las reformas que tienden al endurecimiento del código en la práctica?
En la práctica no tienen ninguna consecuencia o al menos ninguna consecuencia positiva, si se da una baja o un incremento en los índices de delito, es siempre por un motivo ajeno al Código Penal. Puede deberse a un cambio en alguna política de seguridad o una mejora en la situación social del momento. Ni siquiera influye directamente sobre la cantidad de personas privadas de su libertad. Porque, por lo general, lo que funciona como regulador en ese punto son los códigos de procedimiento, no el Código Penal.


¿Por qué cree que si estas reformas no dieron resultado se insiste desde la oposición, los medios de comunicación y la opinión pública en la "mano dura"?
Porque no dan resultado para combatir la inseguridad pero sí dan resultado político, son redituables políticamente en el corto plazo. Eso es como descubrir la gallina de los huevos de oro, una vez que han visto que funciona la usan una y otra vez.

El tema es que mientras tanto el problema sigue estando. Se le brinda a la ciudadanía una falsa solución que la gente cree, porque está muy instalado en el sentido común que con mayores castigos se resuelve el problema.

No solamente porque esta muy arraigado en el sentido común, sino porque también es fácil caer en la tentación de pensar en la persona que delinque como un sujeto racional que al momento de delinquir va a tener en cuenta qué pena le corresponde, entonces, si le aumentaron el mínimo en lugar de salir con un arma va a salir con una corbata a robar. Estas cosas son un disparate pero lamentablemente están muy arraigadas en el sentido común.


¿Qué responsabilidad tienen los medios en la formación de ese sentido común?
Una responsabilidad enorme, sin duda. Esto siempre fue así, no es algo novedoso, pero con los cambios de las tecnologías se ha ido agravando. Si uno estudia las emergencias punitivas a lo largo de la historia, esto que escuchamos ahora de "antes robaban pero eran menos violentos", fue siempre así. Hace 80 años los diarios decían lo mismo.


¿Por qué no se habla de prevención del delito o de medidas tendientes a eso?
Un código es básicamente un catálogo de conductas prohibidas frente a las cuales el estado responde con la sanción más violenta que tiene, que es la pena, la privación de la libertad. Pero esto, como es sabido, llega tarde. Llega cuando ya me robaron el celular, cuando está el muerto. Para la prevención no sirve.

Para prevenir hace falta una serie de medidas, que en algunos casos son de largo y mediano plazo. Pero en algunos casos tienen un efecto inmediato.

El problema es que tanto desde la política como desde los medios se le da más espacio a estas soluciones mágicas que vienen de la mano de reformas legislativas o también cuando se habla de prevención se privilegian algunas medidas que son más que nada efectistas, como puede ser las técnicas de saturación con fuerzas de seguridad en un territorio.

Eso tiene más bien una finalidad efectista pero eso no quiere decir que se vaya a traducir en una disminución del delito en concreto.




Fuente: Télam
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