Politica
Gianni Vattimo: "En Italia la gente sospecha del peronismo"
El influyente pensador y eurodiputado habló con Infobae acerca del impacto de Francisco en la Iglesia Católica y de actualidad política. Contó de su encuentro con Cristina Kirchner y afirmó: "Los filósofos siempre intentaron ser amigos de los poderosos y los príncipes"
Domingo, 3 de noviembre de 2013
El reconocido filósofo italiano y eurodiputado Gianni Vattimo visitó esta semana nuestro país por segunda vez en el año, invitado nuevamente por la Asociación de Docentes de la Universidad de Buenos Aires para un dictar un ciclo de conferencias que renovaron el romance del público argentino con este intelectual que se autodenomina como un "político fracasado" y un "comunista homosexual cristiano".
Figura clave junto a Jean-François Lyotard y Gilles Deleuze en el desarrollo del pensamiento posmoderno a partir de la segunda mitad del siglo XX, el papel que viene interpretando desde hace algunos años Vattimo es el del filósofo itinerante y euroescéptico, inmejorable carne de cañón para la intelectualidad orgánica deseosa de escuchar en primera persona historias sobre la decadencia del Viejo continente y la revalidación de los procesos populistas latinoamericanos en boca de un respetado erudito.
En diálogo con Infobae, Vattimo discutió acerca del impacto que produjo el papa Francisco en la Iglesia Católica, la actualidad política en Italia y la relación entre los pensadores y el poder. Además, habló de su encuentro con la presidente Cristina Kirchner a comienzos de año y su propia relación con el peronismo.
-Quería empezar la entrevista preguntándole por Francisco. En su última vista el pasado abril, usted dijo que esperaba que su papado no se quedara en los gestos y el "estilo". Ahora que ha transcurrido más
tiempo desde su llegada al Vaticano, ¿cuál es su opinión de él?
-Mi opinión es que efectivamente las promesas de Francisco han sido mantenidas hasta ahora. Por ejemplo, hay todo un trabajo que él está haciendo en el Banco Vaticano que es muy importante. Hay que tener en cuenta que los dos temas dolientes de la Iglesia son el sexo y el dinero. Existe por supuesto el problema de los curas pedófilos, pero también el vinculado a la ética sexual católica, que es demasiado rígida e ineficaz. Esto me parece un punto en el que todavía se puede avanzar más. ¿Por qué Francisco no autoriza el sacerdocio femenino? Sería una bomba, como lo que dijo acerca de los homosexuales, que ha sido importantísimo. Del lado del dinero, ha cambiado dirigentes en el Banco Vaticano, redujo el numero de las cuentas anónimas pseudo-religiosas, que eran la manera de lavar dinero de las mafias del mundo. Y el estilo sigue siendo determinante, porque la relación del Papa con los fieles es muy buena y lo seguirá siendo, si no lo matan los dogmáticos, claro.
-¿Teme que Francisco pueda terminar como Juan Pablo I?
-Bueno, él fue alguien que también tocó temas sensibles: había empezado a preguntar sobre el Banco Vaticano y a predicar que Dios era también madre y no solo padre. Dos escándalos como se imaginará...
-¿Francisco en ese sentido es un Papa escandaloso?
-Sí, claro, y cuyo mayor impacto ha sido que Iglesia aceptara
no ser más la triunfante, y ser más la doliente y militante. Esto es importante porque, en un sentido, cuando renunció el papa Benedicto XVI, mucha gente y yo mismo también, pensó que la Iglesia ya había empezado la reforma a través de la aceptación de su muerte. Y también que Benedicto había hecho la única cosa razonable de su papado, renunciar.
Pero volviendo a Francisco, hay en su franciscanismo una gran aceptación de la reducción. Yo no creo que haya leído mis obras de pensamiento débil, pero yo pienso en términos de pensamiento débil como cristiano, y me parece bueno que vaya por esta dirección. De todas formas, no creo que se pueda renunciar a la solidez histórica de la Iglesia porque el mensaje no se puede transmitir sin instituciones fuertes, pero es toda una novedad. Espero que sea infalible, que no cometa demasiados errores.
-Usted dijo que esperaba que Francisco fuese un "Papa chavista". ¿A qué se refería precisamente con eso?
-Francisco no es un papa norteamericano o europeo, viene de una región que él mismo dijo que era "el fin del mundo". Pero América Latina, ese fin del mundo, no es solo el hogar del Papa, sino un lugar donde se desarrollaron en los últimos decenios transformaciones importantísimas. Yo creo que, políticamente, la mayor novedad después de la caída del Muro de Berlín ha sido la autoliberación de algunos países latinoamericanos, con Venezuela a la cabeza, y también Argentina, Brasil y Bolivia. Todo esto me hace decir que si el Papa latinoamericano estableciera una conexión profunda con los nuevos líderes políticos de esta región, seria una nueva Internacional Comunista, comandada por un Papa chavista.
-¿Usted está al tanto que Francisco, cuando era el cardenal Bergoglio, era considerado enemigo por el matrimonio Kirchner, y que él no veía con buenos ojos los gobiernos populistas de esta región?
-Bueno, es que del exterior se ve mucho mas unificado el panorama latinoamericano, como si Chávez, el Papa y Castro no estuviesen tan alejados. Comprendo que desde aquí las cosas sean diferentes. Tampoco está claro en Italia que Francisco vaya a modificar la situación de la Iglesia, que no quiere pagar impuestos. Porque la Iglesia es todavía uno de los grandes dueños del mundo, en Europa y en Italia especialmente, lo que significa
todo un conjunto de problemas de poder. Con Francisco tengo más esperanza que certitud, más esperanza que fe.
-En su anterior estadía en Argentina a comienzos de este año usted se reunió con la presidente Cristina Kirchner. ¿Cómo fue ese encuentro?
-Yo tenía una cierta admiración hacia Cristina por lo que había leído acerca de ella, me parecía interesante que quien estuviese al mando de un país tan grande fuese una mujer, y cuando uno de sus ayudantes (N. del R.: se refiere al jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina) participó de la ceremonia en la que se me entregó el titulo Honoris Causa y me invitó, me puse contento. Hay siempre una fascinación del intelectual con el poder. Afortunadamente, Cristina no es Stalin, sigue siendo una persona que merece ser conocida. Lo mismo pasó cuando conocí a (Fidel) Castro, que fue para mí una emoción absoluta. En Italia hay muchos anticastristas, pero era un mito de mi juventud, yo aprendía las canciones de los guerrilleros castristas, no podía no reunirme con él.
-¿Le preocupa que algunos puedan pensar que usted es obsecuente con el poder?
-No, no me preocupa, porque siempre elegí las causas perdidas. Puedo permitirme ser un extremista porque nadie me da mucho peso. Reunirme con líderes mundial es un privilegio del que soy consciente, y del que tal vez más adelante puedo llegar a arrepentirme. Pero estar junto a los poderosos, aunque en mi opinión sean poderosos que están del lado correcto, no me preocupa. De todas formas, los filósofos siempre intentaron ser amigos de los poderosos, de los príncipes, para dirigirlos e influenciarlos, no es un fenómeno nuevo.
Cuénteme más acerca de su encuentro con la presidente. ¿De qué hablaron?
-Me habló acerca de la actualidad europea, me habló de la (canciller alemana Angela) Merkel, quien le ha causado a los italianos mucho sufrimiento, pero no me dijo nada de gran intelectualidad, aunque yo intenté hablar con ella del pensamiento débil. No conozco en profundidad las ideas de Cristina. Pasa algo curioso con los peronistas. Cuando en Italia hablo con mis amistades con ellos, me tratan de fascista. Allí la gente sospecha del peronismo, de Perón, aunque sienten una gran admiración por Evita. Pero yo tengo que reconocerlo, mis amigos en la Argentina son peronistas, todos en la Argentina parecen serlo, aunque todavía no me queda claro lo que es. Yo me siento más comunista que peronista, pero a veces, cuando hacen algo como el matrimonio igualitario, me siento peronista. Hasta hago el saludo (junta los dedos en V y ríe).
-Usted mencionó Italia y aprovecho para cambiar el tema. ¿Cuál es su análisis de la situación que está viviendo su país?
-Es una situación desesperada. Los medios en los últimos años nos han logrado meter tanto miedo con la cuestión económica, que el primer resultado de eso fue que el presidente de la República, que es un ex comunista, sobre todo ex, nombró un gobierno técnico, liderado de todas formas por una persona absolutamente aceptable en relación con su predecesor. Lo importante de Monti fue que no era Berlusconi. Pero el desarrollo de este gobierno técnico fue una aceptación de todas las órdenes del Fondo Monetario Internacional
de la Europa que representaba la técnica financiera. El resultado es que ahora se cierran empresas, el paro aumenta, prácticamente Italia ha devenido en una economía colonial. Es un lugar que espera que los extranjeros inviertan garantizando una reducción de las leyes laborales.
-¿Encuentra algún elemento emergente como para ser optimista sobre el futuro de su país?
-Yo espero solamente que Europa cambie su política económica, pero Merkel no parece orientada en ese sentido. Se necesita una presión de España, Francia, Italia, Portugal, Grecia para obligar a la Unión Europea a que cambie sus políticas opresivas. Contestando tu pregunta, en realidad lo que siento es miedo de que se desarrolle un movimiento de guerrilla. Pero no para hacer una revolución socialista, sino nuevos fascismos. En Grecia eso ya está ocurriendo, con el Amanecer Dorado. En Italia por el momento no, hay una derecha pero no fascista, económica. Por ejemplo, está el jefe de la Fiat, que obviamente quiere salvar su empresa y eso es razonable, pero lo hace imponiendo una disciplina de trabajo que es "Si no le gustan estas condiciones, desplazo; voy a producir en China o en otro país". Es un problema de la fuerza de la política sobre lo económico, y parece que en Italia lo económico viene siendo más fuerte.
Fuente: Infobae