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La paulatina pérdida de influencia del Ministerio de Economía
Por: Juan Pablo Piscetta jpiscetta@infobae.com Días atrás, el titular de la UIA, Héctor Méndez, pidió un ministro "más fuerte" para afrontar la coyuntura. Sus dichos desataron la polémica acerca del rol que ocupa en la actualidad el funcionario
Domingo, 22 de septiembre de 2013
              


El pedido del presidente de la Unión Industrial Argentina, que exhorta a una mayor presencia de la cartera económica no ha sido casual. Pone, en primer lugar, una incógnita sobre la función que hoy desempeña Lorenzino. Pero también expone cómo a lo largo de los años el kirchnerismo ha reducido a la mínima expresión las atribuciones de ese Ministerio.

Economía se desinfló, pero no siempre fue así. Por el contrario, el ciclo kirchnerista en 2003 arrancó con un Ministerio "fuerte" a cargo de Roberto Lavagna, una herencia que dejó el gobierno de Eduardo Duhalde. No fue una novedad, ya que los funcionarios de la cartera tuvieron un rol central en los noventa, con Carlos Menem y Fernando de la Rua en la presidencia.

Desde 1991, Domingo Cavallo ofició como titular del entonces enorme Ministerio de Economía y Obras y Servicios Públicos (MEyOSP). A su cargo, el organismo amplió sus capacidades y contó con mayor presupuesto y personal. Su liderazgo se produjo en el marco una reforma global del Estado que modificó la relación con el mercado, articulada en torno a la convertibilidad del peso, la reducción del gasto público, y las privatizaciones. La influencia del área económica aumentó con la reforma en 1992 de la Carta Orgánica del Banco Central (BCRA). La máxima autoridad monetaria del país adquirió con la modificación mayor autonomía, en detrimento del poder de decisión de otras carteras del Poder Ejecutivo.

Junto a Cavallo, los ministros Roque Fernández (1996-1999), José Luis Machinea (1999-2001), Ricardo López Murphy (2001), y los secretarios de segundo rango fueron la cara visible de una tecnocracia que desplazó a la dirigencia política en los puestos claves del Estado. Reclutados entre los "grandes jugadores" de la economía (sectores financieros y exportadores), y la Fundación Mediterránea, nave insignia de las ideas neoliberales, los economistas dominaron las políticas públicas, relegando muchas veces a la Presidencia a un segundo plano. Cavallo mismo cuando era "superministro" tuvo mayor popularidad que el ex presidente Menem al liderar encuestas de opinión.

La centralidad del ministerio de Economía comenzó a desarticularse con la crisis del 2001. Las consecuencias económicas y políticas del estallido social tuvieron su replica al interior del propio Estado, modificando las relaciones de sus personeros con el mercado. Un anticipo fue lo que ocurrió durante el efímero paso de Adolfo Rodríguez Saá en la jefatura de Estado. El presidente provisional disminuyó el rango del viejo MEyOSP a Secretaría de Hacienda, Finanzas e Ingresos Públicos. Se vislumbraba un futuro rol periférico de la dependencia.

Con el gobierno de Eduardo Duhalde se restituyó la jerarquía de la oficina, aunque la dividió en dos, en Ministerio de Economía y Finanzas Públicas y en Ministerio de la Producción. Ya Lavagna al frente, el organismo fue clave al preparar las condiciones del crecimiento económico y paliar el dramático costo de la crisis. En su cargo, el economista piloteó el corralito y la devolución parcial de los ahorros, impidió que la devaluación desatara un proceso hiperinflacionario, congeló las tarifas de los servicios públicos, y dio el puntapié de las conversaciones con los organismos internacionales por la deuda defaulteada.

Nuevo período

En 2003, Néstor Kirchner inició el camino que debilitó al Ministerio de Economía. Si bien revalidó a Lavagna en su puesto, transfirió las áreas de Comunicaciones y de Energía que estaban bajo su órbita al Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios. Julio de Vido, el titular de esa cartera, se transformó en un megaministro como Cavallo en lo que respecta a responsabilidades, ya que absorbió también Recursos Hídricos, Obras Públicas, Desarrollo Urbano, Vivienda y Energía Atómica, dependientes de Presidencia de la Nación; y Sector Minero y Transporte que respondían a Producción. Por su parte, la gestión del ministro de Trabajo Carlos Tomada en las negociaciones paritarias, salario mínimo y jubilaciones, entre otras funciones de alto impacto distributivo, redujeron aún más el peso y el centro de gravedad de Economía.

El quiebre definitivo se produjo con la salida de Roberto Lavagna en 2005. La intención del ministro de frenar una inflación que ya asomaba amenazante (12,5%), la rivalidad con Julio de Vido por la "cartelización" de la obra pública, las diferencias con Tomada por la reforma de la ley de ART y los aumentos salariales, y su independencia como funcionario lo debilitaron y deterioraron el vínculo con Néstor Kirchner.

Con su reemplazo inmediato, Felisa Miceli, la cartera pasó a ser una mera extensión del Ejecutivo. También ese mismo año fue designado Guillermo Moreno al frente de la Secretaría de Comercio Interior, quien bajó con mano férrea los lineamientos del Ejecutivo y asumió funciones crecientes. "Yo no puedo permitir que se dé un doble juego como ocurrió con Menem y Cavallo. La dirección del Gobierno debe ser una sola", manifestaba Kirchner entonces.

Cristina Kirchner, el golpe de gracia

Luego, llegaron Miguel Peirano (2007), Martín Lousteau (2007-2008), Carlos Fernández (2008-9) y Amado Boudou (2009-2011). Con la excepción del vicepresidente, quien ocupó la escena pública durante la campaña que llevó a Cristina Kirchner a la reelección, todos cultivaron un perfil mucho más bajo. Incluso, la presidente desgranó aún más el Ministerio de Economía al inicio de su mandato, al crear dos nuevos ministerios, los de Industria y Turismo (2008), y el de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación (2009).

La pérdida de autonomía de las áreas económicas se terminaron de sellar con el conflicto protagonizado entre Cristina Kirchner y Martín Redrado, titular del Banco Central (BCRA) hasta 2009. El rechazo de Redrado a pagar la deuda externa con reservas conllevó a una disputa de alcance judicial que terminó con su renuncia, debido al pedido de la banca financiera a que dé un paso al costado.

En sintonía con la gestión Boudou, Hernán Lorenzino maneja casi en exclusividad la renegociación de la deuda externa y la disputa con los holdouts. La Unión Industrial Argentina le pasa factura por no tener "fortaleza", por su falta de presencia en la macroeconomía doméstica. En otro frente, el secretario de Política Económica, Axel Kicillof, asume cada vez más responsabilidades y lo eclipsa. Sin embargo, su debilidad está lejos de ser una mera falta de personalidad. Ha sido producto de una lógica de gobierno que se consolidó en una década.




Fuente: Infobae
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