Nacional
Ralph Lauren, Lázaro Báez y los militantes del pago en efectivo
Ya se sabe que la Argentina es un país sensible a la multiplicación inesperada. Un país capaz de resistir durante mucho tiempo hacerse las preguntas más incómodas para terminar atragantándose todas las culpas cuando sale a la luz lo que se prefería mantener bien oculto. Y así parece estar sucediendo en estos días de revelaciones siniestras.
Miércoles, 24 de abril de 2013
              
Atrás se quedan las frases publicitarias. Un país en serio. Un país con buena gente. Un modelo de crecimiento con matriz diversificada y con inclusión. Fútbol o ropa para todos. Soberanía monetaria o hidrocarburífera.

Todo parece desmoronarse cuando la sociedad ve desfilar a los militantes del pago en efectivo. Los Fariña, los Elaskar, los Lázaro Báez. Las denuncias se amontonan una detrás de la otra. Cuando parecía que se quedaban en el olvido nombres como Skanka o Ciccone surgen las brasileñas Vale o Embraer, o la más glamorosa Ralph Lauren.

Todos sospechábamos que las coimas, los coimeros y los coimeados seguían estrujando al país adolescente. Pero el panorama se vuelve muy diferente cuando los brasileños de la minera Vale afirman en el mismísimo Congreso que el “costo político” de producir potasio en Mendoza es demasiado alto. Todos sabemos a lo que se refieren.

Como sabemos a que se refieren los valijeros grabados por Jorge Lanata cuando hablan del peso de los euros. Como desconfiamos del ministro Julio De Vido cuando dice que la represa hidroeléctrica Condor Cleef no va a ser construída por los amigos del kirchnerismo y las empresas concesionarias mejor posicionadas son las del multifacético Báez, la de Cristobal López o Electroingeniería, del cordobés Gerardo Ferreyra.

En el subsuelo de la credibilidad, el voluntarioso De Vido descalifica a los manifestantes del 18 de abril y los acusa de protestar sólo para “irse a Miami”, la ciudad preferida de Fariña. El ministro disfruta todavía de la benevolencia de una Justicia en crisis que no le pidió cuentas por la tragedia y los 52 muertos del Sarmiento.

Ese es el escenario en el que se agiganta la discusión por el destino del dinero del Estado, ingresos extraordinarios como no los había tenido nunca la Argentina en 30 años de democracia gracias a que la tonelada de soja no baja de 500 dólares. Justo cuando el kirchnerismo cumple una década de vigencia, va quedando claro que la plata no ha ido a parar a los desagües que evitan las inundaciones; ni a las autopistas que evitan los congestionamientos de tránsito ni a la ampliación de las vías férreas o la modernización de los trenes que evitan las muertes masivas como las de hace 14 meses en Once.

La sospecha que empieza a crecer en muchos ciudadanos es que una parte demasiado significativa del dinero que pagan en impuestos ha servido para mejorar la vida de algunos funcionarios o de personajes nefastos como los que recorren excitados los estudios de TV. El Gobierno, la Presidenta, deberían gastar menos energías en crucificar a la prensa o buscar conspiradores detrás de las denuncias. En la historia de la decadencia de cada ciclo político la corrupción ocupa un lugar de privilegio. Dilma Rousseff marcó un camino en Brasil y se sacó de encima medio gabinete. No estaría mal echarle un vistazo al socio regional y, tal vez, hasta pedirle un consejo.

Fuente: Misiones para todos
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