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Trump aclaró detalles sobre sus exámenes médicos y rechazó rumores sobre su salud: “Tengo muy buenos genes”
En una entrevista, Donald Trump respondió a las preocupaciones sobre su estado físico, atribuyendo su vitalidad a factores genéticos y a su rutina diaria dentro de la Casa Blanca

Jueves, 1 de enero de 2026
Donald Trump, a sus 79 años, mantiene hábitos médicos que contrastan con las recomendaciones de su equipo sanitario. El presidente opta por ingerir una dosis diaria de 325 miligramos de aspirina, superior a la que sugieren sus doctores, quienes le han planteado reducirla a la dosis baja más habitual de 81 miligramos. Trump, no obstante, ha declinado el cambio argumentando que lleva más de dos décadas siguiendo su propio criterio y aludiendo a cierta superstición. “Dicen que la aspirina es buena para diluir la sangre, y no quiero sangre espesa fluyendo por mi corazón. Quiero sangre fina fluyendo por mi corazón”, afirmó en una entrevista con The Wall Street Journal, justificando su decisión.
En octubre, el mandatario se sometió a un estudio de imagen avanzada para descartar problemas cardiovasculares, procedimiento que, según expresó, lamenta haber realizado debido a la atención que generó sobre su estado de salud. “En retrospectiva, es una pena que lo haya hecho porque les dio un poco de munición”, afirmó al medio. Trump explicó que, aunque inicialmente mencionó haber pasado por una resonancia magnética, tanto él como su médico, el capitán de la Marina Sean Barbabella, confirmaron que se trató en realidad de una tomografía computarizada (CT scan), una prueba más rápida y común. Barbabella indicó en un comunicado a The Wall Street Journal que la prueba se realizó para descartar cualquier anomalía cardiovascular y que los resultados no revelaron problemas.
El presidente ha mostrado reticencia a seguir otras indicaciones médicas, como el uso de medias de compresión para tratar la hinchazón en las piernas, síntoma relacionado con una insuficiencia venosa crónica superficial diagnosticada en julio. Aunque en un principio aceptó usar las medias, abandonó rápidamente la práctica por incomodidad, según relató durante la misma entrevista. Tanto Trump como sus colaboradores señalaron que la hinchazón ha mejorado, atribuyendo el progreso a una mayor movilidad durante sus jornadas.
El propio Trump y su médico insisten en que su salud es excelente, una percepción que el presidente vincula a su herencia genética. “La genética es muy importante. Y yo tengo muy buena genética”, sostuvo.
En el entorno cercano al presidente, varios asesores y allegados han notado signos visibles de envejecimiento, tanto en apariciones públicas como en su rutina privada. Según fuentes citadas por The Wall Street Journal, Trump duerme pocas horas y en las últimas semanas ha tenido dificultades para mantener los ojos abiertos durante actos televisados en la Casa Blanca. Colaboradores, donantes y amigos relataron que, en rees, frecuentemente deben elevar la voz para que el presidente escuche con claridad, aunque él rechaza tener problemas auditivos y sostiene que solo enfrenta dificultades “cuando hay mucha gente hablando”.
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