En los últimos días (curiosamente cuando la gente está cobrando sus haberes) los inspectores de tránsito de la ciudad salieron a las calles talonario en mano dispuestos a no perdonar nada que ellos con su particular visión del ordenamiento vehicular, consideren una infracción.
Domingo, 9 de septiembre de 2012
Es así que en organismos públicos, o asociaciones de profesionales de la zona céntrica se pueden ver autos cómodamente estacionados en la vereda mientras al mismo tiempo suena el concierto de pitos impidiendo siquiera descender por la izquierda a comprar cigarrillos. Estos días son de buena recaudación (para el municipio) la gente se moviliza, estaciona en cualquier lado y nadie parece caer en la cuenta que es muy diferente un trámite de segundos a permanecer toda la mañana en un sitio donde no se pueda estacionar.
Lo que confunde más al ciudadano es que aparentemente todo indica que comprando unos conos naranjas (se consiguen usados a 60 pesos) se obtiene el privilegio de reservar estacionamiento en cualquier lado, situación esta que los inspectores no contemplan al no haber un vehículo involucrado en lo inmediato.
Curiosa lógica del burócrata uniformado que responde, ante el reclamo, que en esos lugares no está prohibido estacionar como si cada particular pudiera dictar y hacer cumplir sus propias ordenanzas.
Otra explicación dada tímidamente por los inspectores y con cierta violencia por los actores particulares es que esos conos se colocan porque “precisan el espacio para carga y descarga” (aún fuera de ese horario y en zona céntrica). Lo cierto es que estos espasmos de controles de tránsito nunca van a dar resultado si no se prolongan en el tiempo con verdadera voluntad de acomodar el cada vez más intenso parque automotor de la ciudad y no con mero afán recaudador